Los consejos punitivos del juez Calatayud a padres en Málaga en 14 frases

Los consejos punitivos del juez Calatayud a padres en Málaga en 14 frases

 

 

Para este artículo me he tomado la libertad de modificar ligeramente el titular de la noticia que saltó hace bien poco en el Diario Sur de Málaga.

 

No pretendo con este artículo criticar su labor como Juez de Menores, que en eso no dudo que sea un buen profesional y de hecho con sus sentencias en bastantes ocasiones, evitando el paso por Centros de Reforma de Menores, ha logrado éxitos. Pero desde que saltó a la fama por sus sentencias, ha empezado a dar conferencias intentando disfrazarlas de educativas cuando realmente son basadas en lo punitivo, supongo que por su formación y experiencia como juez. De ahí que como Educador Social tengo que modificar el titular de la noticia.

 

Desde esa fama adquirida por lo novedoso de sus sentencias, ha dado muchas conferencias con gran éxito porque desgraciadamente el discurso punitivo es más atractivo que el verdadero discurso educativo. Por ejemplo, que diga Don Emilio que no pasa nada por dar un cachete o un azote en el culo a un niño cuando se porta mal, al adulto le agrada más y le supone menor esfuerzo que intentar reconducir el comportamiento mediante técnicas educativas. Eso ya sin entrar ni siquiera a valorar que una agresión física es un maltrato.

 

En la noticia antes mencionada, destacaron 14 frases de su conferencia que me gustaría analizar detenidamente:

 

“No penséis que vuestro hijos son santos. Haceos un buen seguro de responsabilidad civil”

 

La educación se basa en el respeto y la confianza mutua. Cierto es que los niños y niñas y especialmente durante la adolescencia pueden llegar a hacer cosas que incluso sean delito. Pero tampoco es para pensar automáticamente que son demonios y que hay que cubrirse las espaldas porque seguro que van a hacer fechorías. Y siendo realistas, aunque haya niños y niñas que cometen errores e incluso delitos, afortunadamente no son la gran mayoría como se nos quiere hacer ver desde los medios de comunicación o como nos quiere hacer ver Don Emilio.

 

“Hay que violar la intimidad de nuestros hijos”. Y añade: “Sin que se den cuenta”

 

Aquí lo primero que me llama la atención es que un juez invita a saltarse la ley y los derechos de las personas. Y porque son menores y en ellos los derechos importan… pero claro, importan menos porque es por su bien, ¿no?

En lugar de fomentar la confianza con ellos para que nos puedan contar sin miedo cualquier cosa que les pueda ocurrir, el consejo es que los espiemos y que nuevamente recurramos a la desconfianza.

Y lo de “sin que se den cuenta” ya personalmente pienso que es absurdo. Tarde o temprano los hijos van a darse cuenta de que sus padres le están espiando y como consecuencia cuando eso sucede, pierden más confianza aún y tomarán medidas para que los padres ya si que no se enteren de nada y puedes conseguir que si tienen algún problema no vayan a recurrir a ti como su padre o madre.

 

“Igual que yo no le doy un cigarro a mi hijo de dos años no le puedo dar el móvil para que se entretenga”

 

Está claro que un cigarro es perjudicial para la salud para todo el mundo, pero compararlo con un móvil es como mínimo curioso.

Don Emilio en sus artículos en su blog siempre arremete contra los móviles, nuevamente aportando como solución el prohibir. Los móviles son una realidad que está aquí y que al menos mientras no evolucione la tecnología hacia otra cosa nueva, van a quedarse mucho tiempo. Se puede dar un enfoque diferente desde pequeños en el buen uso de los móviles. Existen aplicaciones educativas que son un gran complemento y que pueden lograr un buen uso del móvil a medida que los niños vayan creciendo y terminen teniendo su propio móvil.

Evidentemente no sería sano basar el ocio de un niño completamente en el móvil, igual que tampoco era sano en los años 80 y 90 que un niño basara su ocio en ver la televisión.

Así que en lugar de enfocarlo hacia una buena educación nuevamente nos enfoca hacia la prohibición absoluta.

 

“Somos tontos: los mejores móviles para los niños. No conozco a ningún padre con un móvil peor que el de su niño”

 

En este punto supongo que ha sido una errata del periódico o de Don Emilio y donde dice “peor” quiere decir “mejor”. Asumiendo que es una errata, voy a analizar esto.

Creo que es una generalización y no la norma general. Y aunque así fuera, tampoco tiene nada de malo por sí mismo. A todo el mundo nos gusta lo mejor, y para quien más queremos que suele ser nuestros hijos, queremos lo mejor. Ya me gustaría a mi tener por ejemplo un coche de lujo último modelo con todas las comodidades y medidas de seguridad y no un coche de hace diez años.

Tengo la sensación de que lo expresa desde el punto de vista de que los niños por norma general son seres caprichosos y malcriados y los padres sus esclavos, cuando igual los padres pueden permitirse económicamente el precio del móvil y el niño puede que se lo merezca por mil y una razones.

Pueden darse muchísimas situaciones diferentes y no necesariamente tener que ser las negativas.

 

“Toda fiesta patronal es un botellón institucionalizado”

 

¿Esto es culpa de los y las adolescentes? Si adultos e instituciones públicas permiten y fomentan el consumo excesivo de alcohol por los grandes beneficios económicos que aporta, no me parece de recibo culpar a los jóvenes.

Y somos el ejemplo que los jóvenes siguen. Si en las fiestas de turno de cualquier ciudad o pueblo nuestro ocio lo basamos en pillar la borrachera del siglo, no esperemos que los adolescentes no vayan a seguir el ejemplo recibido por arte de magia.

Yo mismo he visto en fiestas de fin de curso de colegios de Educación Primaria a padres y madres completamente borrachos, e incluso peleas entre padres por el excesivo consumo de alcohol. ¿Es culpa de los niños o del ejemplo que reciben?

 

“La escuela es un tostón pero los niños deben estar en la escuela. Y encima los padres se quejan de deberes”

 

Cierto es que los niños deben estar en la escuela, por muchas razones, entre ellas la legal. Y nuevamente no es culpa de los niños que sea un tostón. El aprendizaje no significativo es el memorístico aunque afortunadamente ya hay muchos maestros y maestras “cambiando el chip”, a pesar de los impedimentos que ponen los políticos que van pasando por las diferentes carteras de Educación ya sean a nivel estatal o autonómico. Con este panorama no es extraño que un niño quiera estar lo más lejos posible del colegio.

¿Queremos niños y niñas que sean adultos estresados en miniatura o que de verdad sientan curiosidad por el mundo y aprender nuevas cosas?

Los padres aquí en muchos casos también se quejan con motivos. Las jornadas que pueden sufrir los niños entre el aula matinal, colegio, comedor, extraescolares y hacer los deberes pueden ser incluso más largas que las de un adulto. De si los deberes son más o menos efectivos se puede discutir bastante, lo que no se puede discutir es que la mayor parte de las veces entre todos los deberes que llevan para hacer en casa pueden llegar a pasarse dos o tres horas dedicados en exclusiva a unos deberes repetitivos y poco significativos. Con todo eso, ¿cuándo pueden dedicarse a ser niños y jugar o disfrutar con su familia?

 

“Si un niño agrede a un maestro también es un atentado a la autoridad. Es decir, un delito”.

 

No discuto que agredir a un maestro es un delito, y aunque no lo fuera, cualquier agresión se debe rechazar puesto que la educación es incompatible con la violencia.

Ahora bien, cuando tenemos que darle el estatus de autoridad a todos los maestros y maestras porque son agredidos, es que algo está fallando. Y aquí en estos fallos entran la sociedad que hemos construido y el sistema educativo que hace aguas desde sus más altos responsables políticos.

Tener que imponer la autoridad por medio de leyes es precisamente todo lo contrario a lo deseable en el mundo de la educación. En la educación de verdad buscamos que sean los niños y niñas quienes nos otorguen la autoridad y no una ley. Y esa autoridad nos la ganamos porque saben que les tenemos respeto y trabajamos CON ellos y no contra ellos.

En mis 18 años dedicado al mundo de la educación he trabajado y trabajo en entornos muy conflictivos, incluidos centros de menores. En estos entornos he trabajado con adolescentes que después de muchas historias muy duras ya no les importa nada e incluso llegado el momento no dudarían en darte un navajazo o algo incluso más grave. He vivido momentos de tensión y a pesar de ello no me han agredido. Y no lo hicieron porque yo fuera el educador a cargo en ese momento y tuviera el poder de la ley sobre ellos. Ni tampoco fue porque yo fuera a utilizar la fuerza contra ellos ,que nunca lo hice, y además del hecho la mayor parte de ellos tenían más fuerza física que yo. Es que supe ganarme su respeto y a pesar de los conflictos eran capaces de entender que yo no actuaba contra ellos sino con ellos y para ellos. Y a su vez siempre los he respetado y escuchado y he intentado ser un ejemplo diferente a todo lo que habían vivido hasta ese momento.

Tampoco quiero decir que no se establezcan límites, que sean razonables, sanos y respetables. Y de este modo quizás podríamos reducir la necesidad de recurrir a la ley y a las sanciones. No los criminalicemos de antemano y acompañémosles en su crecimiento.  

 

“Es una barbaridad que en este país se confunda un cachete con maltrato”.

 

Una agresión física o psicológica lo mires por donde lo mires, es un maltrato. Y que un juez acepte el maltrato como algo natural no es lógico.

Un compañero y amigo que es pedagogo denomina con ironía al cachete como “la hostia pedagógica” precisamente porque de pedagógica no tiene absolutamente nada.

El cachete no sólo transmite el mensaje de que las cosas se solucionan con violencia sino que además puedes abusar de alguien que sea más débil que tú y encima que el más débil no tiene protección posible.

No se trata de meter en la cárcel a todo el que dé un cachete, pero tampoco consentirlo ni promoverlo como algo sano y aceptable.

La violencia sólo genera más violencia, no puede ser el camino hacia la solución a un problema, aunque haya veces que como adultos nos sintamos frustrados o impotentes y eso nos pueda llenar en un momento dado de rabia.

 

“Dicen que los niños te dan muchas satisfacciones, pero hoy tener un hijo es un no vivir”.

 

El mundo ha cambiado, quizás de una forma más rápida que para generaciones anteriores. Llevamos un ritmo desenfrenado y las circunstancias sociales y económicas para una gran mayoría no son favorables.

Pero como Educador Social me niego a partir de esa negatividad. Hay cosas que avanzan más rápido de lo que muchos adultos son capaces de asumir. Y aparecen nuevos riesgos que antes no eran un problema o era mucho menos frecuente. Pero hay que asumirlos y ser capaces de ayudar a crecer a nuestros niños y niñas y que sean los adultos del futuro, esperemos que bastante mejor.

Y supongo que Don Emilio compartirá conmigo que cuando vemos a un niño o niña que ha superado todas las adversidades y tiene un futuro por delante es la mayor alegría posible porque son y deben ser nuestra prioridad. Y eso por lo menos para mi y para las personas que trabajamos en educación desde el ámbito que sea compensa con creces los momentos en los que hay problemas. Y no porque nos guste colgarnos medallas sino porque de corazón nos alegramos de que esos chiquillos han trabajado duro para superar adversidades.

Prefiero dedicar mi tiempo a trabajar con ellos antes que a lamentarme de lo mal que está todo.

 

“No soy colega de mis hijos. Soy su padre y punto. Y si me convirtiera en su amigo lo dejaría huérfano”

 

No es Don Emilio colega de sus hijos, es verdad, pero tampoco puede imponer las cosas sólo porque sea su padre. No hay que confundir el rol de padre con el de colega y a pesar de ello se puede evitar caer en el autoritarismo así porque sí.

A muchos como a los de mi generación y anteriores nos decían en casa la típica frase de “mientras vivas bajo mi techo harás lo que yo ordene” o alguna frase categórica similar. Nunca lo comprendí y nunca lo comprenderé. Los niños y niñas necesitan una estructura, una lógica en la que hay que poner límites y a veces se los saltarán. Forma parte del aprendizaje. Pero imponer las cosas porque sí, porque yo mando y punto tarde o temprano terminará con que el niño ya no es tan niño y dejará de escucharnos y esas normas arbitrarias y sin sentido no las cumplirán.

Es un desafío constante el educar, pero igual que cuando construimos un edificio con buenos cimientos sólidos, es más probable que aguanten las dificultades y se mantengan en pie.

 

“En España hemos pasado de un extremo a otro, y estamos pagando las consecuencias”.

 

Sí, hemos pasado de estilos educativos autoritarios y violencia de padres hacia hijos a estilos educativos sin ningún tipo de autoridad en el que la violencia la ejercen los hijos hacia los padres. Por lo que he leído a Don Emilio en lo que escribe parece que añora los tiempos del autoritarismo en lugar de buscar un equilibrio, vamos, lo que en educación conocemos como estilo educativo democrático. Ya desde los tiempos de Aristóteles se asociaba el equilibrio a la virtud.

Hemos comprobado que ninguno de los dos extremos son buenos, y por lo general, se pueden conseguir mejores resultados y más respetuosos si buscamos un equilibrio. Debemos aprender de nuestros errores y saber lo que funciona y lo que no, así que en lugar de añorar aquellos tiempos en los que el padre o el maestro tenían el poder de infundir terror y lamentar ahora que hemos cambiado hacia el lado opuesto, vamos a trabajar juntos para lograr alcanzar la virtud.

 

“Si lo primero que haces al levantarte es mirar móvil para ver si tienes WhatsApp, estás enganchado”

 

La comunicación ha cambiado y ahora es más inmediata. Eso incluye a adultos y a niños. Levantarte y mirar el WhatsApp o cualquier otra herramienta de comunicación o red social no es un síntoma de estar enganchados. Es un momento como otro cualquiera en el que podemos mirar el móvil. Lo preocupante es estar todo el día pendientes de la herramienta de comunicación cualquiera que esta sea. Si en el colegio o en cualquier otra actividad, o dejan de hacer actividades por el WhatsApp o cualquier otra red social entonces sí que debemos preocuparnos. Si deteriora la comunicación con amigos o familia es para preocuparse. Si no duerme por mantener conversaciones en el WhatsApp es para preocuparse, etc.

La clave como con toda herramienta es la prevención de los problemas y el aprendizaje a un uso adecuado, e incluso establecer límites horarios adecuados y consensuados.
Pero lo sencillo es poner la etiqueta de “enganchado” y quejarse de qué malo es el WhatsApp o la herramienta que sea que se utilice en un futuro.

 

“No necesito un informe PISA para saber que la cosa está fatal”

 

El informe PISA es muy discutible por muchos motivos y en líneas generales no es una buen sistema de evaluación de la situación puesto que olvida muchos más factores que estudiamos y evaluamos en las Ciencias Sociales. El informe PISA es una chapuza que indica por intereses más comerciales que “la cosa está fatal”, alejándose de todas las dimensiones que componen a una persona para centrarse sólo en una capacidad sesgada de resolver tests lógicos – matemáticos estandarizados a conveniencia para ofrecer los resultados que le interesan al evaluador, que curiosamente es una gran multinacional que luego vende sus propias “soluciones” a esos supuestos problemas.

Ni usted Don Emilio, ni yo ni nadie con dos dedos de frente necesitamos el informe PISA. Pero ni la cosa está fatal ni la cosa está genial. No podemos olvidarnos de que hay cosas muy mejorables en nuestro sistema educativo y en la sociedad en la que les ha tocado vivir a los niños y niñas. Pero tampoco desde el punto de vista parcial de quien trabaja con los menos favorecidos por un sistema muy mejorable podemos extrapolar que todo está horriblemente mal. Usted como Juez de Menores trata sólo con aquellos menores que han cometido delitos, yo como Educador Social por lo general trabajo en zonas en las que existen muchas carencias. Y no por ello se puede extrapolar a toda la población en general ni mucho menos centrarnos en lamentar lo mal que va todo.

 

“Sólo pido la responsabilidad de todos”

 

Claro que todos tenemos responsabilidad. Aunque algunos tienen más que otros. Y en este juego de responsabilidades quienes menos peso tienen suelen ser los niños y niñas y los adolescentes, a los que se aparenta escuchar y luego no se les tiene en cuenta. Y lo más sangrante es que como buenos adultos que tenemos el poder, recurrimos a lo más sencillo que es cargarles las culpas y así una buena parte de ellos terminan pasando por su Juzgado o por otros de España cuando podríamos haber prevenido el que llegaran a esos extremos.

 

 

 

Como ya mencioné al comienzo de este artículo, Don Emilio Calatayud no me cabe duda de que conoce muy bien su profesión y es un excelente Juez de Menores que dentro de su ámbito tiene que sancionar de la mejor manera posible de acuerdo a las leyes vigentes a los y las menores que cometen delitos.

Saltó a la fama debido a sus sentencias innovadoras que si bien han supuesto la reinserción de muchos menores y les ha evitado tener que recurrir a la medida extrema de privarles de la libertad y eso también es excelente.

Pero no por ello se pueden extender sus medidas sancionadoras al resto de los menores de edad ni mucho menos a la educación que deben aplicar los padres y madres y las personas que trabajamos en la educación.

No podemos funcionar de una manera adecuada ni mucho menos educar si lo que pretendemos es perseguir y sancionar a los niños y niñas como si fueran criminales en potencia.

Como Educador Social a mi no me corresponde juzgar a nadie que haya cometido un delito y no me meto en ese campo puesto que no tengo ni la formación ni la experiencia adecuadas para ello. Don Emilio Calatayud sí se ha apropiado de la facultad de sentar cátedra desde una posición que nada tiene que ver con la educación. Educadores Sociales, Trabajadores Sociales, Maestros, Pedagogos, Psicólogos y demás personas dedicadas a la educación no sólo tenemos experiencia y formación sino que además intentamos evolucionar y mejorar en nuestras prácticas. Y no nos metemos en los campos que no nos corresponden como profesionales.

Don Emilio, con todo el respeto del mundo, al igual que a nuestros políticos, le pido que nos dejen trabajar con los niños y niñas en conjunto con sus familias, por el bien de todos. Es sencillo opinar desde lo visceral y articular un discurso que puede ser pegadizo, pero seguir el camino de las sanciones y amenazas legales no es lo más adecuado para evitar que lleguen a los Juzgados de Menores. En ese aspecto, a pesar de lo mucho que le aplaudan personas y medios de comunicación, usted no está ayudando, se está metiendo en un campo que no es el suyo y no creo que lo haga con mala fé, pero sí estoy convencido de que sus opiniones pueden causar graves daños a quienes más hay que proteger.

 

 

 

 

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Miguel Salgado

Educador social. Secretario de la Asociación Madres Separadas

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2 thoughts on “Los consejos punitivos del juez Calatayud a padres en Málaga en 14 frases

  1. Creo que ha sacado de contexto las palabras de D. Emilio. Yo soy profesora y no le falta razón en lo que dice. Está claro que usted se ha planteado hilar fino en las palabras de D. Emilio, que por otra parte, no las piensa él, sino la mayoría de educadores y familias. Por ese motivo no veo autoritarismo en su discurso, veo una realidad que se palpa en las aulas y aún más en los juzgados. Tampoco creo que sus opiniones hagan daño, al contrario, pueden prevenir a muchas familias que tienen a sus hijos totalmente de lado, lo digo desde la experiencia. Esas familias no buscan ayuda, por tanto no se puede trabajar con ellos, por mucho que queramos. A veces necesitamos un discurso que nos ponga en alerta.

    1. Hola. En primer lugar, gracias por comentar Beatriz.
      No he hilado fino, es su discurso desde hace bastantes años que saltó a la fama. Y no, los educadores afortunadamente no pensamos así en mayoría, hemos evolucionado.
      Don Emilio siempre tiene la misma respuesta para todo, castigar o restringir. Y con eso no solucionas nada. Él en su trabajo tiene que imponer condenas cuando el menor es culpable de un delito y eso se comprende. Pero ese método no vale extenderlo a todo el ámbito educativo. De hecho, si por él fuera se volvería a “educar” a base de cachetes que eso lo añora mucho y lo recuerda cada vez que tiene oportunidad.
      Llevo casi 20 años trabajando con niños, niñas y adolescentes en la escuela, en barrios de exclusión social, centros de acogida, campamentos, etc. Ellos viven una realidad en la que les aplican esos mismos métodos punitivos una y otra vez, sin efecto positivo alguno. ¿Seguimos castigando o empezamos a educar? Con esto no quiero decir que no haya que poner límites y dejar que hagan lo que quieran y cuando quieran. Se pueden lograr los objetivos propuestos de otra manera diferente, desde el respeto hacia los niños y niñas, buscando el bienestar que merecen.
      Pongo un pequeño ejemplo. Este mismo curso, tengo dos hermanos, uno de 4º de primaria y el otro de 1º. Ambos son niños con muchísima energía y cuando se ponen nerviosos si alguien les provoca o les golpea aunque sea por accidente reaccionan rápido soltando un guantazo. Puedo expulsarles, puedo hablar con los padres (que de hecho los padres los castigan, les quitan la consola, no les dejan ver la tv, etc.) y a su regreso de la expulsión vuelven con el mismo comportamiento. ¿Los expulso una y otra vez para no verlos más o me dedico a trabajar con ellos? Pues me puse a trabajar con ellos, dándoles protagonismo, premiando el buen comportamiento, hasta el punto de que dos meses después ya no reaccionan pegando a otros niños, salen del colegio felices porque pueden contarles a los padres que han hecho muchas cosas y se han portado bien. Cuesta más trabajo esta vía, requiere de tiempo e iniciativas para lograr el objetivo, pero es mucho más efectiva y sobre todo respetuosa. No le lanzas el mensaje al niño de que no lo quieres a tu lado y no le generas el rechazo hacia la escuela.
      El discurso de Don Emilio sí hace daño, hace mucho daño. Es un discurso mucho más pegadizo que el discurso educativo. Él intenta ofrecer una vía rápida a los problemas de comportamiento que satisface el deseo de venganza del adulto cuando un niño tiene un comportamiento que no deseamos.
      Vengo de una familia en la que una gran parte son maestros, mi tía-abuela tenía el título de Maestra Nacional (lo obtuvo poco después de finalizar la Guerra Civil), varios de mis tíos son o han sido maestros e incluso mi propio padre fue profesor de la antigua FP y en sus últimos años como docente, de la E.S.O. .Ejemplos de como ejercía cada uno de ellos tengo unos cuantos y de sus resultados posteriores también. Por eso creo firmemente y lo practico a diario en un discurso que nos permita evolucionar a mejor y desterrar esos métodos obsoletos y dañinos.
      Un saludo.

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