El duelo afectivo. Fase de tristeza (IV)

El duelo afectivo. Fase de tristeza (IV)

“Todo ha terminado, he fracasado”. Mi mundo se hunde”. “No podré soportarlo”

Es la etapa de la desilusión, de no entender qué sucedió, de no ver la salida.

El empezar a ser consciente de que esa persona decidió alejarte de su vida, te hace sentir realmente mal. Pareciera que caes a un vacío, a un precipicio. El suelo se resquebraja y no parece seguro. Lo que antes te sustentaba, te complementaba, te sumaba (o eso pensabas), ya no está, y no va a estarlo en el futuro.  Empiezas a perder la esperanza de recuperar a esa persona, a aceptar que no hay marcha atrás. Nos invade entonces la pena y asumimos que estamos ante una pérdida. Es, en definitiva, la aceptación de que una nueva etapa empieza, de que debo renunciar a las estrategias de recuperación de mi ex, de que ya de nada sirve culparle, culparme, buscarle, odiarle, etc.

Se puede sentir un gran vacío, tristeza, abatimiento. Echamos de menos a la persona, pero también su función, papel o rol en nuestras vidas. Añoramos las rutinas o por lo menos, nos descoloca no poderlas cumplir. Nuestro cerebro nos las indica porque las tiene automatizadas. Es entonces cuando debemos indicar a nuestra mente que “NO, que YA NO”. Todo esto nos sume en un estado de desorientación, añoranza, miedo, melancolía, frustración. Todavía estamos estancados en lo que NO PUEDO; NO DEBO NO TENGO, sin focalizar en lo que SI TENGO, SI PUEDO Y SI PREFIERO… Sólo comparo. Comparo con lo que antes si estaba, si podía, si tenía. Y también comparo con lo que los demás tienen.

En definitiva, caemos en el gran error de focalizar en lo que hemos perdido en vez de en lo que aún permanece y en el sitio que ha quedado para que entren nuevas vivencias, personas, versiones de nosotros mismos. 

Todo se nos hace cuesta arriba porque llevamos a la espalda grandes mochilas de recuerdos nostálgicos, de “debería haber sido”, de miedo a lo nuevo, de pensamientos rígidos y catastróficos, de visiones desvalorizantes de uno mismo. ¿Quién avanza con esa carga?

Otro de los errores es empeñarnos en atender éstas ideas: “¿Cómo le olvido?” “¿Por qué no me quiere?” “Nadie me va a volver a querer así”. “No tengo fuerzas para sobrellevar todo”. “Es demasiado peso para uno sólo”. “Lo he perdido todo”. “Mi vida ya no tiene sentido”. “He fracasado”, etc.

Conclusión: Nos dominará un gran sentimiento de fracaso si no somos capaces de racionalizarlas y de no creérnoslas

Pero la tristeza no es mala en si misma. Todo lo contrario, es necesaria y tiene su función como todas las emociones.

La tristeza nos “obliga” a pararnos y atender eso que tenemos en la cabeza, aquello que nos ha pasado y que nos genera esa emoción.  Nos está diciendo que nos sentemos a asimilar lo que nos está pasando y lo que debemos hacer. El problema es cuando esto se alarga, se intensifica y nos bloquea impidiendo seguir con nuestro día a día. Pasa a ser disfuncional. Pasa del dolor a instalarnos en el sufrimiento. Y esto es innecesario. No elaboramos nada, no solucionamos, sino que seguramente estamos atrapados en un círculo vicioso de “cuanto más triste me veo, más pena me doy y más triste me pongo”.

La tristeza tiene una función positiva: despierta la empatía y ayuda por parte de los demás. Te facilita la introspección, el análisis de la situación y la focalización en el problema para posteriormente desarrollar una solución. Nos para, nos retira de la actividad frenética para mirar hacia adentro, para observar y analizar la realidad.

 A veces podemos tener episodios de intenso dolor que llamamos espasmos de duelo en los que experimentamos dolor físico, debilidad y malestar general. Tu mente sólo está enfocada en librarse de ese dolor y no en vivir. Nos desconectamos de todo y de todos, como en una nube de sufrimiento. Te cuestan un inmenso esfuerzo las tareas cotidianas, ya que tu mente sólo está pensando en cómo librarse de ese dolor. Pero NO te asustes. El dolor NO DURA PARA SIEMPRE, vete día a día, momento a momento, y valora los ratos que has podido estar sin ese sufrimiento. Cada vez serán mayores. Todo pasa. Recuerda otros malos momentos de tu vida en los que sufrías y ahora ya no lo haces.

“Nunca está tan oscuro como justo antes de amanecer”

 

¿Cómo mejorar ese estado de decaimiento? Algunas ideas:

  • Cuestionar los pensamientos dañinos y negativos y cambiarlos por otros más realistas. No creerme todo lo que se me viene a la cabeza. Puedo elegir cómo sentirme ante un hecho a través de la interpretación que yo elija darle al hecho (lo que yo piense).

Elige:

“¿Es verdad que me va todo mal en la vida o sólo ha terminado una relación?”

“No podré con ello” o “Va a ser duro pero no imposible”

Tú eliges qué pensar y por tanto sentirte un poco menos víctima de la situación y por tanto con más recursos para salir de ella.

  • No te dejes arrastrar por los recuerdos, evocaciones nostálgicas. Aparta todo aquello que te remueva, que te retrotraiga a ese pasado que ahora parece que añoras: fotos, música, sitios, objetos, personas, etc. Ya habrá momento de que todo ello pierda esa carga emocional tan intensa
  • Cuida tu postura corporal, tu forma de hablar, tus gestos. Todo ello transmite al cerebro que estamos mal, abatidos, y éste empieza a segregar químicos relacionados con la tristeza y la depresión. Si le mandamos la información contraria, su reacción será diferente y nos sentiremos mejor. Simula bienestar y tu mente se dispondrá para ello.
  • Haz ejercicio aunque sea suave, como andar, bailar, estiramientos, relajación, actividades reconfortantes que hacen que se segregue dopamina, endorfinas, serotonina, etc. que son propias de estados de bienestar.
  • Hazte un plan diario de actividades reforzantes. Piensa aquellas cosas que te gustaban antes de que no te apeteciera hacer nada de nada. Algo fácil pero que te reporte algo de bienestar. Hazlo, aunque no tengas ganas. No caigas en la parálisis.
  • Recurre a todas aquellas personas que te sumen, que te escuchen y que sepan acompañarte en este proceso. Comparte tu problema, tu angustia, pero no caigas en repetir ese monotema una y otra vez. No les dejes que te recuerden constantemente lo que a ti te entristece o agobia. Habla de otras cosas por muy banales que sean. Y pide ayuda aunque te cueste.
  • Céntrate en el presente inmediato y  respira conscientemente. Focalizar nuestra atención en cómo respiramos ayuda a nuestro cerebro a relajarse y a volver al presente, al Esto, Aquí y Ahora. Estamos pensando que estamos respirando, nada más. Nuestros pensamientos vuelan al pasado para recordar, culpar,… y al futuro para anticipar, agobiarnos, temer la incertidumbre. Se trata de mantener nuestra mente en el día a día. Focaliza en lo que SI tenemos HOY.
  • Practica la gratitud. Haz un esfuerzo cada día por traer a la memoria aquello que SÍ ha funcionado en el día por pequeño y cotidiano que te parezca. Agradécelo. Y si tienes ocasión comunícaselo a las personas que aportan algo bueno a tu vida. Esto te hará sentir, afortunado, valioso, consciente de todo aquello con lo que puedes contar en estos momentos de dificultad.
  • Date tiempo. No seas impaciente, ya que esto es un proceso y no una carrera. Habrá retrocesos y atascos. Pero lo importante no es lo que nos falta sino lo que vamos avanzando poquito a poquito.

 ¿Cómo habéis superado vosotras esta fase? ¿Qué os ayudo a gestionar la tristeza? ¿Nos lo cuentas?

Ana Olaizola Segués

(Psicología, Coaching, Gestión Emocional)

asesoramientopsiconline@hotmail.com

*** Si alguna está interesada en conocer este proceso de duelo en las separaciones de manera más específica y personalizada, podéis poneros en contacto conmigo o escribir un correo a info@madresseparadas.es y os informaremos de las opciones de trabajo ONLINE, así como de las tarifas especiales para nuestras usuarias.

The following two tabs change content below.

Ana Olaizola

Psicóloga de la Asociación Española de Madres Separadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *