El duelo afectivo. Sus fases y algunos puntos a tener en cuenta (I)

El duelo afectivo. Sus fases y algunos puntos a tener en cuenta (I)

Todo cambio esencial implicea perder algo o alguien, dejar una parte de tu vida atrás. El divorcio, sin duda, es uno de los mayores cambios que puede experimentar una persona sobre todo cuando existen hijos de por medio. Por eso en este artículo queremos tratar el duelo afectivo y dar herramientas para gestionarlo del mejor modo.

El duelo no es otra cosa que un proceso de identificar, reflexionar, gestionar y asumir una pérdida. Casi nada… Es una sucesión de etapas dominadas por un conjunto de pensamientos desordenados e intrusivos, de emociones incontroladamente intensas y cambiantes, de conductas hasta ahora impensables en ambos protagonistas. Es un periodo ineludiblemente necesario, un camino a través del tiempo “pasado, presente y futuro” que debemos transitar.

La clave es no temer el Duelo, no resistirse a él, sino aceptarlo como un “mal necesario”, como una ayuda. Debemos darle el valor que tiene como recurso que nos permite adaptarnos, poco a poco, al cambio (muchas veces no elegido, inesperado e incluso temido). Ante una enfermedad, a veces, hay que pasar por complicados tratamientos, desagradables medicamentos o duras sesiones rehabilitadoras. Pero sin duda, todos nos agarramos a esas “benditas soluciones”. Aunque nos den nauseas, nos mareen, nos quiten el apetito, nos produzcan dolor, nos aíslen, nos cambien la rutina, no renunciamos a ellos y a poner de nuestra parte para aumentar su eficacia y lograr su objetivo: nuestro alivio y mejora.

 

Habría que hacer, de todas formas, algunas matizaciones cuando hablamos del divorcio como un duelo.

a.- Por una parte, nos enfrentamos a varias pérdidas/cambios, entre ellas:

  • Pérdida/cambio afectivo, de vínculo sentimental propiamente dicho.

  • Pérdida/cambio de rol: compañera/o, esposa/o, pareja..

  • Pérdida/cambio de ”escenario vital”: domicilio, ciudad, entorno cercano, incluso laboral en determinadas ocasiones.

  • Pérdida/cambio de frecuencia de convivencia con los hijos: ausencias, pérdida de experiencias y momentos compartidos con ellos.

  • Pérdida/cambio de capacidad económica

b.- Por otro lado, cuando hay una muerte, la aceptación de no recuperar a esa persona es ràpida (ya no está): no hay vuelta atrás. En una separación existe el factor “nunca se sabe si puede cambiar de opinión” No hay fallecido, ni entierro, sólo un enfermo en la UCI. Esto dificulta que nuestra cabecita siga un camino lineal hacía la plena asunción de “Esto se ha terminado definitivamente y no hay opción.”

Por tanto, mentiríamos si consideráramos este proceso como algo fácil y llevadero, incluso cuando es el resultado de una decisión personal.. Es complicado, variable, a veces recurrente, y siempre, siempre necesario.

El Duelo nos permite el cambio y, bien gestionado puede ir unido a dos palabras: autoconocimiento y desarrollo personal.

Una ruptura es un proceso natural por el que todos podemos pasar en nuestra vida. Considerarlo como una oportunidad de crecimiento y de aprendizaje dependerá de nosotros.

 

CAMBIO = OPORTUNIDAD

 

Hablemos de las fases. Aunque hay varios enfoques, nos centraremos en 5 fases.

Me gustaría señalar que no todos pasamos por la misma secuencia ni duración, ni intensidad. Cada situación es muy diferente, con protagonistas, situaciones, historias, creencias y recursos particulares. A veces nos saltaremos parte de una fase, otras retrocederemos de una o otra. En alguna ocasión se entremezclan las etapas, pero hay un común denominador: la mezcla de emociones (aturdimiento, apatía, tristeza, miedo, impotencia, incertidumbre, liberación, rabia, rencor, culpa,.etc) …y la sucesión pensamientos recurrentes, intrusivos y automáticos NEGATIVOS.

Tomaremos estas 5 FASES como esquema de referencia: (La 2 y la 3 se suelen intercambiar frecuentemente).

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1.-SHOCK-NEGACIÓN

2.- NEGOCIACIÓN-AUTOENGAÑO

3.- IRA-CULPABILIZACIÓN

4.-TRISTEZA-DEPRESIÓN

5.-ACEPTACIÓN-CRECIMIENTO

 

En éste primer artículo, sólo mencionaremos la primera:

 

LA FASE DE SHOCK-NEGACIÓN

 

¡!. NO ME LO PUEDO CREER.!!. ¡NO ME PUEDE ESTAR PASANDO ESTO A MI!

Aquí hablaremos de la negación del suceso en sí y no de las propias emociones que conlleva el duelo, que las señalaremos en otros apartados.

Cuando nos comunican la noticia de que nuestra relación se ha terminado, nos sentimos aturdidos e incapaces de entender lo ocurrido; puede durar horas o semanas. En ese momento es habitual sentir desorientación, desconcierto, bloqueo, cuesta creer lo que ha sucedido. Pueden aparecer dificultades para conciliar el sueño, nerviosismo, desmotivación, alteración del apetito etc.
Empezamos a sacar todos nuestros mecanismos de defensa, armaduras, vendas en los ojos que nos ayudan a no exponernos a la realidad, No queremos sufrir.

Todo ser humano tiene la reacción instintiva de supervivencia, y por tanto de evitar peligros, cambio y dolor. Nos ponemos las anti-ojeras y negamos la realidad que no nos gusta.

Pensamos:

“Ya se arreglará, ya hemos estado antes así”. “Es un bache”. “Con lo que yo le quiero, no puede ser que él no sienta lo mismo”. “No sabe lo que quiere. Está pasando una mala racha”. “Estará influenciado por..” etc, etc, etc

No lo veo, no lo pienso, no lo entiendo, no lo acepto, entonces no es real, no me está pasando.

Inconscientemente, queremos darnos tiempo para enfrentarnos a lo temido, a lo que creemos que nos va a destrozar, a lo que no confiamos en superar,

Atascarse aquí y postergar el dolor supone dificultar y alargar aún más el camino a recorrer.

No por no querer mirar los resultados de una analítica vamos a evitar el curso de una enfermedad declarada. Y mucho menos por negarnos a someternos a dicha prueba.

Cuanto antes nos quitemos la venda, antes podremos echar mano de los recursos para afrontar el proceso.

Aceptar ayuda es importante en todas las fases, y en ésta es vital.

Habría que puntualizar que muchas veces llevamos tiempo no queriendo ver el declive de una relación, por lo cual en estas situaciones el momento de shock-alucine-negación debería ser menos intenso y extenso. Y digo debería, porque en algunos casos, aun sabiendo que es una “muerte anunciada”, en el momento de la verdad, el encadenamiento simbólico a mi idea de “·no puede ser” es innegable. Bien por miedo, por culpabilizar al otro y ponérselo más difícil, por no aceptar cierta responsabilidad de no haber estado atentas a ciertas señales, nuestra mente no registra la frase:SE ACABÓ”.

A lo que nos resistimos, persiste y nos somete.

Lo que aceptamos nos libera.

¿Qué hacer para no estancarnos en esta etapa?

Al no ver el problema, no se buscan soluciones. Por eso el papel del círculo cercano es fundamental. Viene bien un periodo de “cierta parálisis” para coger fuerzas, mientras no se alargue demasiado. Lo que si hay que evitar es el aislamiento continuado.

Tendemos a aislarnos, a rehuir de personas que puedan demostrarnos lo contrario a lo que queremos agarrarnos. Nuestra burbuja es nuestra salvación temporal, donde cogemos un chute de oxígeno. Pero cuidadito con hiperventilar si nos quedamos demasiado tiempo encerrados ahí.

Si no lo contamos, nadie sabe, nadie opina, nadie rebate…Puedo por tanto seguir actuando como si no sucediera nada. Creo que, si yo normalizo, igual la situación no cambia, no se toman decisiones, no se termina la relación.. ERROR…

La realidad es la que es aunque no nos guste y, además, no tiene porqué ser diferente.

Pero esto no sólo lo podemos pensar o decir nosotros, sino que también nuestro entorno puede alimentar esta actitud de resistencia a la realidad. Todos formamos parte de una especie de CLAN (social, familiar, laboral). Hay intereses, costumbres, inercias, idealizaciones, pleitesías, y miedos. Es entonces cuando es más complicado salir de esta fase. “Ya verás como se arregla” “Si en el fondo te quiere”. “Daos un tiempo”., “Si estáis super unidos.” “Con lo que habéis pasado hasta ahora..”son frases que se escuchan habitualmente.

 

– Es importante, por tanto, rodearse de pocas personas cercanas, de confianza incuestionable, que sepan escuchar sin juzgar y que me sitúen frente a mi propio espejo para que sea yo mismo el que vaya asumiendo la situación.

Es el entorno que esté al tanto de la situación quien puede empezar “moviendo ficha”; quien empiece a acompañar y preparar el camino hacia la realidad.

Pero siempre teniendo en cuenta que cada uno necesita su ritmo, dependiendo de sus recursos, su situación, su trayectoria y la claridad y coherencia de la pareja a la hora de exponer la ruptura

No mentir, no enmascarar pero tampoco sentenciar con despiadados mazazos.: “Espabila que no hay nada que hacer”, “ Ya te decía yo que estabas ciega..” etc etc. Si atacamos , sólo conseguiremos que la persona se refugie más en sí y nos rehúya.

Diplomacia, empatía y acompañamiento sincero.

Algo que ayuda es no “intentar convencera la persona que está en ese estado sino posibilitarle que crea y confíe en su propio criterio. Dar nuestro apoyo para que ella se base principalmente en sus propias vivencias, intuiciones, sensaciones, y razones para sacar las conclusiones que deba sacar. Cada uno puede emitir opiniones variadas que pueden llevar a confundirnos aún más. Sugerirle introspección y análisis de la situación desde la sinceridad y la valentía, sin enjuiciarle ni apremiarle

Buscar aquello que sabemos que puede ser un escenario cómodo, autorreforzante para esa persona. Ayudar a que se sienta bien emocionalmente para que empiece a utilizar su lado racional del cerebro que le permita pensar, argumentar y contrastar los datos para llegar a la conclusión que no quiere llegar. Lo importante en esta etapa es que la persona se sienta arropada, acompañada y comprendida sin ser juzgada ni dirigida. Así lograremos que ese bloqueo empiece a ceder y el análisis racional entre en acción. Esto nos estará llevando ya a la siguiente etapa.

Se trata de parar todo ese cocktel de químicos cerebrales que nos mantienen paralizados, negando cualquier posibilidad de cambio. El cerebro intenta mantenernos a salvo en lo conocido, en la zona de confort, antes que salir a lo desconocido donde no tiene respuestas automáticas. Por ello nos sentimos bloqueados, aterrados, confundidos y preferimos no mirar hacia aquello que nos es incierto y potencialmente peligroso. Nos autoprotegemos.

Otro punto son las creencias innatas. Tendrán papel esencial en todo el proceso.

Ten en cuenta tus creencias aprendidas inconscientemente que te llevan a que tomes la separación como “algo que no me puede estar pasando”. Por ejemplo:

– El matrimonio es para toda la vida.

– Es injusto que todo mi esfuerzo no haya servido de nada.

– Toda mi vida se hunde. Mi proyecto de vida se ha derrumbado totalmente.

– No podré soportarlo. Es lo peor que me ha pasado en la vida.

– Ni yo, ni mis hijos nos merecemos esto.

– Sería un fracaso el separarme, etc, etc

TODO ELLO CONTRIBUYE A QUE NUESTRAS CORAZAS SEAN MÁS GRUESAS Y NUESTRAS VENDAS ANTIRREALIDAD MÁS TUPIDAS.

ESTAS CREENCIAS HACEN QUE EL MIEDO SEA MAYOR Y QUE NUESTRA TOLERANCIA AL CAMBIO COMO OPCIÓN DE EVOLUCIÓN SEA MENOR.

ATENTOS A ELLAS, Y CUESTIONÉMOSLAS, ya que influirán en cualquier proceso vital en el que nos veamos inmersos.

¿Nos cuentas tu caso? ¿Nos ayudas a ayudar?

¿Cómo ha sido tu fase de negación?

¿Qué creencias piensas que estaban paralizándote?

¿Quién o qué te ayudó?..

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Ana Olaizola

Psicóloga de la Asociación Española de Madres Separadas

2 thoughts on “El duelo afectivo. Sus fases y algunos puntos a tener en cuenta (I)

  1. Es cierto que cuesta superarlo aunque sea una decisión personal, quizá ahí cuesta más, porque te atreves a dar el paso, peor siempre con el sentimiento de culpa y de si estás o no haciendo lo correcto.
    En mi caso. mi separación se produjo en septiembre, y hasta noviembre fueron unos días de lucha continua y discusiones cada poco. Tenemos dos niños en común.
    Conté, por supuesto, con el apoyo de mi familia, pero a día de hoy, aún no tengo superadas muchas cosas, sobre todo el tenerme que separar de mis hijos.

  2. Hola,
    En mi caso mi ex marido me comunicó que quería separase cuando yo estaba en el septimo mes de embarazo de nuestro segundo hijo y con otro niño de 22 meses. Mi fase de negación duró unos tres meses y fue cuando vi que no llegábamos a un acuerdo en el divorcio cuando empecé a asumirlo. Pero no me quedó más remedio cuando él se echó nueva pareja. Luego descubrí que ya llevaba un año haciendo doble vida y eso también fue un mazazo. El hecho de estar embarazada me ayudó a no derrumbarme para intentar estar bien y que el bebé sufriera lo menos posible, ademas de. Estar fuerte para que mi otro hijo no me viera triste. Me ayudó mucho mi familia, sobre todo mi madre, mis amigas y compartir experiencias con gente que había pasado por algo similar. Estuve Dos años en tratamiento psiquiátrico y psicológico y eso me ayudó a liberarme de la culpa que habían puesto sobre mi espalda. Ahora me siento libre y plena y doy gracias por ello. Además he conocido a gente maravillosa que me ha enriquecido como persona

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