Esto no es normal, yo no soy así…

Esto no es normal, yo no soy así…

Esto no es normal… yo no soy así… ¿por qué piensa eso? ¿por qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

Esos pensamientos me venían muy a menudo a lo largo de nuestra relación…

 

Te quiero con locura, no sé que sería de mí sin ti, eres lo más importante en mi vida, lo daría todo por ti… eran frases que escuchaba entre mezcladas con otras como… Mis amigos se han sorprendido al conocerte, esperaban a una mujer más “mujer”… Mi familia piensa que eres tontita, que por qué sigo contigo cuando podría tener a la que quisiera…

Lo que se dice una de cal y otra de arena…

 

Empecé con él a los 16 años, se podría decir que fue mi primera relación seria, en ese sentido reconozco que era demasiado “ingenua”. Con los chicos que se habían acercado antes a mí había marcado bien los límites y no había pasado de una semana intentando meterme mano antes de que les diera puerta. Con él fue diferente… Era tan detallista desde el principio, no iba a lo que iban todos, le gustaba estar horas hablando o paseando, nos contábamos todo, fue entrando en mi vida pausadamente hasta que pasó de un -vamos a ver por dónde me sale éste- a tomarme la relación en serio…

 

Me “enganché” a sus palabras bonitas, todo eran halago y pequeños detalles, se desvivía por mí.

 

Entró en el ejército profesional a pesar de que su padre no lo apoyaba, siempre me lloraba porque su padre ninguneaba cualquier esfuerzo que hiciese en su vida, pero para eso tenía a su madre, era su ojito derecho y yo la buscona que le quería quitar a su hijito…

 

¿Cómo resumir diez años de noviazgo? me encanta que te pongas mini falda, así presumo de novia, no te sientes así que vas tan corta que se te ve todo, eres la mujer de mi vida, lo mejor que me ha pasado, qué rodillas más feas, son todo huesos, mi padre es un cabrón, menos mal que te tengo a mi lado, me das paz, vaya caderas tienes, para mi el físico es muy importante, no podría estar con una mujer gorda, tendrás que cuidarte… Escapatorias de alguna guardia porque si salía con mis amigas y no me había despedido con un te quiero, sospechaba que eso es porque estaba liándome con otro a pesar de llevar yo horas ya de vuelta en mi casa, si saludaba a un amigo con un abrazo es que le estaba restregando las tetas, si hablaba con un chico, es que le estaba “buscando” si él se acostaba con otras, es que yo no le satisfacía, si su familia me ridiculizaba, es que realmente con ellos parecía tontita…

 

Esto no es normal… yo no soy así… ¿por qué piensa eso? ¿por qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

¿Cuernos? a gogó!! pero me lo contaba él…- ayer, cuando salí con… me lié con una, no te mereces eso, lo mejor es “cortar”, no quiero hacerte sufrir, pero es que sexualmente no estoy satisfecho y cuando bebo no controlo-… encima me sentía culpable por no ser capaz de darle lo que necesitaba, yo debía tener un problema porque sexualmente no era tan ardiente como él… siempre caía en su manipulación y le perdonaba, cualquier cosa con tal de no perderle, en algún momento dejé de imaginar una vida sin él presente… 

 

Tras X años y sin darme cuenta, ya había entrado en ese círculo de realmente creer que él era un semidios y yo la mujer con más suerte del mundo… 

 

¿Que si hubieron gritos y peleas monumentales que me hacían dudar? sí que las hubo… ¿que si más de una persona cercana me dijo en muchas ocasiones que no sabían por qué le aguantaba? siempre contestaba, eso son pequeñeces, pero en general es maravilloso conmigo, y es que era así, si las cosas le iban bien yo era su reina, si iban mal…. 

 

me acostumbré a su montaña rusa…

 

Después de tantos años, sé que si nuestro noviazgo hubiese sido “normal” no hubiese aguantado tanto desplante, tanta humillación y desprecio por su familia y de él mismo, tanto defenderlos por parte de él, tanto pasar de ser una persona con carácter con todo el mundo a sentirme poca cosa a su lado, de colocarlo en un pedestal…  Pero no fue normal… Cada vez que creía estar llegando a mi límite, él tenía que irse a la península a estudiar, primero para ser cabo, luego cabo primero y al final dos años para ser sargento… en ese tiempo, nuestros reencuentros eran tan maravillosos que hacían que olvidase cualquier “rareza” o daño que me hubiese hecho…

 

En más de una ocasión intenté dejarle pero le veía sufrir tanto y yo estaba tan enamorada que, a pesar de todo, le volvía a dar esa última oportunidad…

 

Y así hasta que nos casamos…

 

Yo era feliz! creí que, al alejarse en cierta manera de su familia e iniciar una vida a mi lado la cosa iría mejor, y al principio lo fue, no me engañó, nos repartimos las tareas, se desvivía por mí, incluso me esperaba con la cena preparada cuando volvía del trabajo, hacíamos mil cosas juntos y todo iba bien. Hicimos un grupo de amigos que, aunque había un “Don Juan” que no me gustaban nada sus jueguecitos, por lo demás fue una gran etapa… 

 

Un espejismo…

 

 Decidimos tener un hijo de mutuo acuerdo, pero al quedarme embarazada él empezó a cambiar de nuevo. Mi embarazo fue de riesgo ya que tenía pérdidas continuas, en vez de quedarse en casa para ayudarme, él se buscó un trabajo por las tardes, nunca vi un duro de ese trabajo, en el sentido económico yo me deslomaba para ahorrar y, a pesar de vivir en un piso que nos había dejado mis padres, no lográbamos ahorrar casi nada, no lo entendía, en el mismo piso vivíamos el rico con caprichos caros y la pobre ahorradora… Con el embarazo mi necesidad de ahorro creció ya que, tras vivir años en casa de mis padres “gratis” al fin habíamos comprado nuestro piso el cual había que reformar completamente, cada gasto superfluo era una nueva discusión (la última play, los últimos juegos, cenar de chino todas las noches, el mejor equipo estéreo, comprar artículos de lujo para la casa de sus padres, un Toyota tapizado en cuero!! y así con todo) ¿de la reforma del nuevo piso? me dejó sola, buscar presupuestos, elegir albañiles, fontaneros y demás, en nada se involucró.

 

Aunque en el parto estuvo a mi lado, al salir del hospital me fui a casa de mis padres, necesitaba cuidados al haber sido un parto complicado y no confiaba en tenerlos por su parte, por otro lado, sólo le había pedido que la habitación del niño estuviese preparada para su nacimiento, al mes de estar en casa de mis padres y cansada que casi no apareciese, (decía que se sentía incómodo y que mejor dormía en nuestro piso) hacía unas visitas de “médico”, cansada de esa situación volví al piso con mi hijo y monté la cuna yo misma con un vacío inmenso dentro de mí, decía que si no volvía era porque no le quería lo suficiente…

 

Esto no es normal… yo no soy así… por qué piensa eso?¿por qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

Empezaron discusiones cada vez más fuertes, el niño casi no dormía y yo vivía eternamente agotada, él hacía tiempo que no ayudaba en casa y sólo sabía reprochar que yo era -una puta vaga que me rascaba el coño delante del televisor-, si le decía que necesitaba ayuda, que no podía más con la casa, el niño y mi trabajo, me amenazaba con abandonarnos y yo cedía para no perderle, no me daba cuenta que hacía tiempo que yo me había perdido en el camino…

 

Esto no es normal… yo no soy así… ¿por qué piensa eso?¿por qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

Noches de insomnio esperando que volviera de las juergas con sus amigos preocupada por si le había ocurrido algo para aparecer al día siguiente completamente borracho. Insultos, reproches, que si la comida era una mierda, que si no era capaz de tener la casa en orden, -¿que has hecho hoy?- -pues recoger y cuidar del niño- su respuesta siempre era enumerar los tiempos… -la cocina quince minutos, el baño, diez a lo sumo, el salón ni se nota… ¿que coño has hecho? ni para eso sirves…- Si salíamos a algún lado iba vestida como una pordiosera (me cambiaba para ponerme a su gusto) si salía con mis amigas en alguuuuna ocasión contada y me ponía lo que a él no le había gustado decía que para salir con mis amigas sí que me arreglaba, si quedábamos con nuestros amigos le iba contando los planes poco a poco días antes para conseguir un sí de su parte, el resultado es que esperaba al último momento para decir que al final no iba, me encontraba yendo sola con el niño a cualquier plan que nos propusieran sabiendo que luego tocaban caras largas de su parte y aguantar su mal humor, llegó un momento en el que dejé de ir yo también e inventaba mil excusas por no hacerlo… 

 

Si me tenía que venir a buscar al trabajo, no se presentaba y me tocaba coger un taxi a las tantas de la noche, luego me decía que no había venido porque sabía que lo de trabajar era una excusa y que estaba con otro, por mucho que le dijese que no era cierto él seguía en sus trece, me trataba peor que a una criada, cuando salíamos era una reina a ojos de los demás, yo sonreía y callaba, la pareja ideal  fuera de casa pero…

 

¡¡ya no podía más, ¡creía volverme loca!! 

 

Y le planté cara un día -esto no es normal, algo está pasando, ¡o me lo cuentas o me voy!- ahí se hundió y reconoció algo que yo no había querido ver hasta ese momento, consumía cocaína con su amiguísimo el Don Juan, me “explicó” que él había esperado tener otro tipo de vida conmigo pero le estaba haciendo tan infeliz que había caído en ese vicio junto a las juergas y el alcohol, culpa de ello era mi trabajo, no servía para trabajar por turnos (menos mal que no le hice caso y nunca lo dejé)… Luego me enteré que llevaba aaaños tonteando con la coca sin que yo lo supiera, me rogó que no le abandonara, que sin mí se hundiría, que le ayudase, que no rompiese una familia, que no se lo contase a nadie, sería nuestra lucha, al fin y al cabo era mi culpa… y yo cedí… 

 

y entré en un infierno…

 

Fue como abrir la veda para cualquier cosa…

 

Empezamos a ir a una psicóloga y dejé de trabajar para estar con él y cuidar de nuestro hijo, el dinero había ido desapareciendo así que tuve que volver al trabajo, turnos de locura donde estaba más preocupada por como estarían las cosas en casa que en mi trabajo, al final le convencí para hablar con un hermano suyo, yo sola no podía, él me decía que iba a las citas con la psicóloga y era falso, todo falso… las noches una pesadilla, se pasaba horas delante de la televisión obsesionado con ver películas porno y luego entraba al cuarto a “buscar” placer… el sexo se convirtió para mí en una tortura, sentía que me prostituía, llegó un momento en que me abría de piernas para que se quedase a gusto y me dejase en paz… le cogí asco al sexo, dejé de saber lo que era disfrutar… mucho menos recordar cuando tuve mi último orgasmo pero sabía que si no entraba en su juego tocaba “bronca” de las gordas y yo estaba emocionalmente agotada para más… 

 

Esto no es normal… yo no soy así… ¿por qué piensa eso? ¿por qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

Estaba convencido  que tenía un amante y por eso era tan fria, hasta llegó a sospechar de su hermano al que llegué a llamar a las tantas de la madrugada y venía corriendo, el pobre ayudó en lo que pudo y como pudo, entró en una depresión al ver como su hermano se había transformado en un loco. 

 

Seguía tan obsesionado con la idea de que tenía un amante que ponía trampas en la puerta principal que revisaba por la mañana para asegurarse que no había salido nadie mientras dormía, llegó a salir a las tantas de la madrugada, con un cuchillo en la mano al portal del edificio porque había escuchado la puerta y seguro que era el otro que había aprovechado para salir (siempre he pesando que fue una suerte que no entrase nadie en ese momento…), entre tanta ansiedad y tanto miedo a no “enfadarle” me volví a quedar embarazada…

 

Puede sonar extraño pero cuando me enteré de este embarazo mi pensamiento fue, si puedo sola con uno, podré con dos..

 

Algo dentro de mí ya había decidido que no podía seguir así pero estaba llena de miedos, dudas, culpa, responsabilidad hacia él, hacia la familia, no tenía derecho a separarle de sus hijos… una mezcla de tantas cosas que me tenía paralizada y sólo pensaba en qué hacer, tampoco podía abandonarle, me necesitaba…

 

Otra vez empecé con pérdidas, esta vez tenía claro qué me las provocaba, cada vez que escuchaba abrirse la puerta de la calle cuando él venía me entraba la ansiedad y empezaba a sangrar, ooootra vez tuve que dejar el trabajo solo que esta vez fue por ansiedad y depresión, era tal la tensión que llevaba encima que bastaba que alguien me preguntase cómo estaba para que me echase a llorar, los médicos, al escucharme me decían que lo que no debía hacer era rechazar al bebé, ¿cómo explicar que nunca sería capaz de rechazarlo pero que ese embarazo me quedaba grande?

 

Con este embarazo empezó una nueva pesadilla… 

 

Después de sus sesiones de películas abría de golpe la puerta esperando pillarme mientras me “masturbaba”, su nueva obsesión era ésa… me masturbaba y por eso era tan frígida con él, le repetía hasta la saciedad que no era cierto, si lo hubiese sido tenía el mismo derecho que él a hacerlo,  pero no era cierto, ¿cómo explicarle que el sexo se había convertido en una obligación para mi? ¿en una tortura?  él insistía en que me escuchaba tras la puerta mientras lo hacía y lo “notaba” en mi pulso y respiración, que lo que quería era volverlo loco, hasta se llegó a poner un cuchillo en el cuello para que así reconociera mi “pecado” y empezó a dormir con el cuchillo en la cama, yo no podía pegar ojo, tenía verdadero pánico!! y cuando le decía -me das miedo- él me respondía -haces bien, porque si no estuvieras embarazada, ya estabas muerta- Había una parte de mí que no quería creer que fuera capaz de algo así pero otra más visceral estaba atemorizada, si me lo hubiese dicho en un momento de discusión no creo que me hubiese afectado tanto como cuando te lo dicen en una conversación “tranquila”… Saltaba como un muelle cada vez que entraba en algún lado, vivía en una angustia continua difícil de explicar, si me acostaba, malo, si iba al salón malo también, si decía algo, malo y mientras tanto, como él ya había contado su secreto, para “castigarme” se traía el material para consumirlo delante mío porque… le obligaba con mi actitud. Deseaba ser “valiente” y pegar un manotazo a sus rayas pero nunca me atrevía, me daba más miedo su reacción ante tal “valentía” y lloraba como una cobarde ante tanta impotencia, era tal mi desesperación que hasta me planteé probar la maldita droga para entender que tenía eso para que fuese más importante que su familia, no sabía que hacer ni a quien acudir ya, ¿a mi familia? ¡nuca! sentía que así les protegía y además me sentía tan culpable que me daba vergüenza hasta contarlo, además… ¿que pensarían de él? así no ayudaba a nadie, era mi “problema”

 

Era pura agresividad conmigo para, al momento pasar al llanto y al arrepentimiento profundo… siempre pedía perdón pero, yo le había empujado a eso…

 

Una noche me dijo… – hasta me he puesto un cuchillo en la garganta para que reconozcas que me quieres volver loco, ¿que tengo que hacer para que lo reconozcas, ponérselo a tu hijo?- al día siguiente cogí las cosas y me fui a casa de mis padres… vino a buscarme, pelea con mi padre, amenazas, lloros, ansiedad, en mí no había ni un resquicio de “persona”, estaba hundida y con miedo de contar ni una cuarta parte de mis vivencias para no causar más problemas a mi familia, para algo me había dejado claro que tuviera cuidado con lo que iba contando pues no le costaría mucho partir las piernas a mi padre, por mi parte pensaba que todo lo hacía mal, que no había sido capaz de ayudarle, me necesitaba, yo le quería, aunque fuese un amor insano le quería y -le había abandonado como las ratas abandonan el barco antes de hundirse-, esa frase me la decía cada vez que tenía ocasión y me la creí …

 

Esto no es normal… yo no soy así… ¿por qué piensa eso? ¿por  qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

Empecé a ir a una psicóloga… muy zen ella que, a pesar de contarle todo me dijo… -si le quieres, escucha a tu corazón, eso sí, si decides darle una oportunidad que sea poco a poco y con gente a tu alrededor al principio-  Hoy por hoy pienso que un mal psicólogo puede arruinar tu vida… ¿en esos momentos? pensaba, le quiero, está mal, necesita ayuda y yo le estoy abandonando… embarazo, hormonas, todo influye, la cuestión es que le fui dando esa oportunidad a la persona más manipuladora que he conocido en mi vida. Me escribía cartas cada día que me hacían sentir más culpable si cabe, se apuntó a proyecto hombre, empezó a ser encantador de nuevo, fuimos a terapia de pareja, yo para intentar salvar el matrimonio, él para conseguir que yo cambiara (palabras textuales), la terapeuta nos dijo que no había nada que hacer con ese pensamiento suyo, fuimos a la psicóloga del ejército, a pesar de ser su psicóloga me dijo que yo no tenía porqué aguantar tanto desprecio con el que me trataba, fue a otra psicóloga, tuvo cinco reuniones y la dejó porque era una “feminista” y por eso se ponía de mi parte, toqué todas las puertas que se me ocurrieron… Todo tenía algún fallo, él no.

 

Tuve a mi hija, le llamé para que estuviera en el parto, era su hija y no tenía derecho a “privarle” de ese momento… Con dos mesecitos empezamos a ir las dos a proyecto hombre para ser su seguimiento dejando a mi hijo con mis padres el tiempo que duraba las reuniones, desde el primer día que fui su familia se desentendió y dejó de ser seguimiento, era mi problema, allí empecé a ir yo también a las reuniones de parejas de usuarios… a los ocho meses me convenció para volver y nos fuimos a vivir a la nueva casa, la cual ni habíamos llegado a estrenar… hasta ese momento…

 

Al mes ya pensaba en como poder irme de allí con los niños…

 

Fue irnos a vivir juntos y abandonar esa “secta” como la llamó, él no la necesitaba, a las dos semanas le exigí hacerse una prueba porque su comportamiento no era “normal” volvía a hablar con esos ojos de loco y esos gestos que ya había aprendido a reconocer, dio positivo… me juró y perjuró que sería de las tarjetas o billetes, que no había consumido nada, yo dudaba ya tanto de todo que llevé la prueba a un especialista, su respuesta fue -blanco y en botella…-

 

Vi empezar de nuevo todo y le dije que no funcionaba, que mejor dejarlo. En esas tantas “conversaciones” nocturnas me decía claramente que si me iba me quedaría sin hijos, cualquier juez se los daría a él ya que yo no era capaz ni de cuidarme sola, una parte de mí sabía que era imposible, la otra parte temía que fuese capaz de convencer a un juez… pero no había problema, si esa parte del plan no funcionaba, me mataba y en ocho años ya disfrutaría de su hijo (la niña era la niña, no su hija, ha tardado aaaños en tener el mismo comportamiento con ella que con él). Repito que nadie sabe el terror que puede provocar que te digan eso “calmado”, como cuando me decía que si me veía con otro yo acababa bajo tierra y el otro como mínimo en un hospital… le crees, no denuncias porque no hay pruebas, es la palabra de uno contra la del otro, pero le crees capaz.

 

Esto no es normal… yo no soy así… ¿por qué piensa eso? ¿por qué me trata así? justo él que es la persona que más me debería conocer…

 

Una noche me pidió la última oportunidad y yo le respondí que ya no podía más, que le había tenido muchos años sobre un pedestal pero se había tirado de cabeza de él… se volvió loco, empezó a romper cosas, tirarme objetos, a gritarme como un poseso, me quitó el teléfono para que no llamase a nadie, mi cabeza iba a mil, le convencí para que me lo diese de nuevo y me dejó llamar a varias amigas, no me atrevía a llamar a ningún hombre, menos a mi padre, estando así me daba pánico lo que pudiese pasar si aparecía mi padre o algún cuñado mío, aún así él marcaba los teléfonos de quien yo le pedía, no logré hablar con nadie, esas casualidades donde necesitas a alguien y nadie coge la llamada… me encerré en el cuarto y él me siguió para pasarse cinco horas recordándome lo poco que valía sin él, la envidia que tenían de mí todas mis amigas pues él siempre había sido mucho hombre para mí, que tenía que aceptar que no servía para nada, ni como madre, ni en el trabajo, ni…  no iba a encontrar a un hombre que me aguantase,que bastante suerte había tenido “cazándolo” a él… Que iba a decepcionar a mis padres por romper una familia… toda la mierda que pudo cayó sobre mí esa noche… 

 

Aguanté esa noche, al día siguiente aproveché un momento en que se fue a comprar unas cosas, me volví a ir con mis niños y dos bolsas llenas de ropa…

 

Al verme llegar, mis padres me preguntaron… -¿esta vez va en serio?- al decir que sí llamaron en seguida a una amiga abogada para que empezase a redactar el divorcio…

 

Me despedí de proyecto hombre, la terapeuta me dijo que en toda su trayectoria allí yo era la primera usuaria que le había quitado el sueño pues me veía cualquier día en el periódico, una amiga me dijo, creí que te habíamos perdido para siempre, mis padres y mis hermanas empezaron a soltar lastre… ME VOLVÍ A SENTIR CULPABLE, estaba tan sumergida en mi mundo que no fui capaz de ver hasta que punto estaba la gente que me quería preocupada por mí… en ese momento entendí porqué mi amiga me decía que pasase por el trabajo para “verme” cada vez que llamaba y me encontraba mal, me dijo que quería asegurarse con sus propios ojos que no me había hecho “nada”… Tanta gente preocupada por mi y yo metida en mi vida sin pensar en ellos, me sentí egoísta también…

 

No se terminó todo, volvieron las peticiones de oportunidades solo que esta vez se repetía en mi cabeza algo que me dijo otra usuaria de proyecto hombre… si tú no te quieres ni te respetas, ¿como quieres que algún día lo hagan tus hijos?. Estoy segura que si no fuese por mis hijos hubiese aguantado mucho más esa situación, no sé como habría terminado la historia, ellos me dieron la fuerza, no quería esa vida para ellos…

 

Poca gente es capaz de entender como afecta ver ciertas noticias de mujeres asesinadas por la tele, despiertan miles de miedos dentro de ti…

 

No ha sido sencillo… de las peticiones de oportunidades pasamos a los “intentos” de suicidio siempre en fechas “importantes” para mi familia o para mí, perdí la cuenta de cuantos hubieron, hasta llegué a desear que lo hiciera de una vez y nos dejase en paz… me sentí la peor persona del mundo por desear algo así… más culpa añadida… Lo siguiente fueron las amenazas con quitarme a los niños o “desaparecer” con ellos, de ahí a intentar quemar el piso después de llamarme insistentemente para que fuese a hablar con él y yo negarme, estuvo ingresado tres semanas en agudos de psiquiatría preguntando constantemente a su familia si había ido o preguntado por él. A pesar de que fue la policía al piso cuando intentó quemarlo y fueron ellos los que me llamaron para informarme de lo ocurrido no denuncié, no creía poder demostrar nada y temía cabrearle, cuando llegué al piso para “limpiarlo” las paredes estaban llenas de escritos pidiendo perdoón y cuchillos por todos lados descubrir los cuchilos me llenó de miedo y a la vez de alivio por no haber ido a su llamada… Me seguía con el coche, llegaba del trabajo y allí estaba en su coche esperando sin decir nada, aparcaba frente a la casa de mi hermana durante horas aún sabiendo que yo no iba a ir, no denuncié, simplemente estaba allí parado, ¿que voy a denunciar? pero tenía miedo de ir sola a cualquier sitio, cara a los demás me hacía la fuerte pero vivía con un miedo continuo, me vino a buscar un día, al piso de mis padres una de las pocas veces que me atreví a ir sola y no aparcar el coche lejos para que no se viese, le dije que se fuera y cuando esperé lo suficiente a que se hubiera ido para salir, estaba escondido en una esquina y se coló dentro del piso para buscar al “otro” , yo salí corriendo pero tampoco denuncié, aún no estaba divorciada y no había nada extraño en eso… tuvo un accidente donde dio positivo en drogas, no iba con mis hijos así que tampoco podía hacer nada…. O SÍ??? fueron muchas y nunca denuncié, siempre me puse excusas pero la verdad es que tenía miedo a “cabrearle” y era el padre de mis hijos, ¿como iba a meterle en la cárcel y dormir tranquila sabiendo que estaba ahí por mi culpa?

 

El miedo es muy poderoso, sobre todo si dudas de todo y más que todo, de ti misma…

 

Por mi parte salí de esa relación sintiéndome una mierda, menos que un cero a la izquierda, sin ser capaz de hablar relajadamente con un hombre y menos mirarle a la cara, ya tenía dentro de mí el pepito grillo… te estás insinuando… le estás provocando… calienta braguetas.. pensaba que cualquier cosa que dijese podía ser considerada como una insinuación. Con todo el mundo puse una coraza, dejé de sentir dolor, de sufrir… pero también dejé de tener cualquier otro sentimiento, me vacié, era frustrante saber que debías querer a tus hijos y notar que había “algo” que no te permitía dejar salir a tus emociones, me volví una autómata, evitaba cualquier contacto, me rechazaba y rechazaba mi cuerpo, me daba asco, tras cuatro años intentando superarlo sola pedí ayuda…

 

Era incapaz de tomar un café tranquila con un amigo sin vigilar la puerta del bar por miedo a que apareciera…

 

En el ayuntamiento me ofrecieron visitar a la psicóloga y así lo hice, tras unas cuantas sesiones me dijo que ella ya no podía hacer más, mi problema era otro al que no llegaba y si no era capaz de reconocerlo no podría ayudarme nadie, había vivido un maltrato en toda regla… Me derivó a un centro especializado donde me explicaron su funcionamiento, según los casos necesitaban o terapias individuales o en grupo, en algunos casos ambas, peeeeero para tratarme debía haber una denuncia previa, aunque ya que había ido allí podía contarle mi caso… al terminar salí con una cita para volver a ver a la terapeuta y fecha para empezar con las sesiones grupales… recuero que al salir pensé -¡¡pues sí que va a ser para tanto!!-

 

Allí hice tres cursos diferentes, el primero para recuperar mi autoestima, bastantes sesiones de terapia, me enseñaron a no rechazar mi cuerpo, a mirarme de nuevo en un espejo entero y no sentir vergüenza, a aceptar que ciertas cosas que había hecho las había hecho para “sobrevivir” a las situaciones que vivía, a disfrutar de nuevo de mi sexualidad, a disfrutar de mi cuerpo, a creer en mí y en mi valía, me dieron las herramientas para enfrentarme a mis miedos sola, a él… hasta cierto punto… 

 

Por primera vez, y después de cuatro años separada, fui capaz de decir, hasta aquí y plantarle cara a mi entonces ex, hasta le puse la primera denuncia tras varios mensajes que me hicieron volver todos los miedos habidos y por haber, le condenaron a seis días de confinamiento en casa después de prometer que no habría más mensajes, reclamé los derechos a pensión de mis hijos de los cuales no se había hecho cargo en todo ese tiempo -no tengo nada para darte, ¿no te ibas a hacer cargo de ellos?pues ahora atente a las consecuencias, y si no llegas, pídele dinero a otros- cuando denuncié el impago de pensiones tocó más enfrentamientos pero esta vez estaba fuerte para mantenerme en mi sitio… 

 

No voy a mentir, han sido ocho años muy difíciles donde él siempre ha estado controlando, tuve la suerte de que le destinaran lejos, se volvió a casar, se separó, hubo más en el camino, vuelve a estar con otra, pero sigue controlando, nos unen dos hijos, han habido muchas luchas, mucho camino agotador demasiado largo y doloroso que contar, en la medida que he podido he mantenido lo que he podido a mis hijos al margen, no saben nada de mis noches de insomnio cuando la ley decía que tenían que irse con él, de vivir con el corazón en un puño hasta que volvían, del miedo a lo que les pudiese pasar, ellos eran muy pequeños, han olvidado desplantes, sufrimientos, los problemas económicos que hemos vivido nunca los han asociado al abandono de responsabilidades por parte del padre. Llevan dos años que le ven cuando le da por aparecer con la mejor de las excusas, le creen y le adoran, ¿que voy a reprocharles yo cuando estuve tantos años en  poder de su manipulación? puede que algún día se den cuenta de como es su padre, puede que no, espero que no… no quiero que sufran y que también se caiga del pedestal donde le han colocado, prefiero ni pensarlo, que disfruten esos pequeños momentos cuando están con él, lo demás ya veremos que pasa, la rabia me reconcome muchas veces al ver como cambia la historia a su conveniencia, no logro controlarla pero intento digerir esa rabia y me enfoco en nuestra vida, que no es poco, he aceptado que siempre estará allí y que tengo que vivir mi vida sabiendo que en el momento que menos lo espere aparece para intentar controlar como siempre, he aprendido a no pasarle ni una… 

 

Es una eterna partida de ajedrez, el hace sus movimientos, yo he aprendido a marcar límites y hacer mi propia “jugada”…

 

Para mi familia y más gente sé que ha sido difícil entender mi actitud en ciertas situaciones, si yo lo viera en otras posiblemente las hubiese criticado, es taaan difícil entender si no te has sentido nunca una mierda, si nunca has llegado al punto que, sin saber ni como ni cuando le has dado a esa persona todo ese poder sobre ti, esa mezcla de sentimientos, miedo, culpa, responsabilidad hacia él, amor enfermizo, costumbre de vivir en tensión (no conoces otra forma de “relación” en pareja), ¡vergüenza! creer que no eres capaz de salir adelante sola, que realmente ese… ya vendrás llorando cuando no puedas, es cierto…

 

Otros amigos también cercanos sientes que tampoco te comprenden, sí claro, lo has pasado mal pero, ya hace tiempo de eso… no entienden hasta que profundas puedan llegar a ser las heridas, pues las heridas físicas son más visibles pero también curan más rápido que las emocionales.. si logran curarse… 

 

Te ven entera, te acostumbras a llevar por dentro tus dudas y temores y no llegan a entender cuando dices que nunca te fiarás de él. La gente cercana cree que ha pasado tiempo y ya debes pasar página, no entienden que no se trata de pasar página, se trata de que esas vivencias te acompañarán el resto de tu vida y debes aprender a vivir con ellas, tal vez aprendas a reconocer las señales de que algo te está removiendo y vas a sacar las uñas injustamente, tal vez no las reconozcas y pegues zarpazos a quien menos lo merezca, nunca sabes como vas a reaccionar y tú eres consciente de ello, y te pesa… 

 

Te sientes más fuerte pero a la vez sabes que eres débil pues no logras controlar ciertas reacciones…

 

¿En cuanto a mi yo actual? empiezo a darme cuenta que me queda mucho camino por recorrer, en algunos temas me he vuelto muy insegura, cualquier cosa negativa que me dijeran antes, se clavaba como una daga dentro mía, ¿las positivas? me resbalaban, no las creía… noto que eso empieza a cambiar, aunque me siento incómoda cuando empiezan a decirme que si esto lo he hecho estupendamente o si soy buena para esto otro, por lo menos ya no las rechazo de plano… 

 

Cuando un hombre me dice que me quiere, ya puede intentar demostrarlo de mil maneras, no llego a creérmelo del todo, no creo que valga tanto como para que alguien se enamore loca y perdidamente de mí ni me siento preparada para enfrentarme a una relación seria, lo he intentado pero algo dentro de mí me impide involucrarme hasta ese punto, también noto que soy dañina pues soy muy inestable en ese tema, tal vez sea algo que no vaya a cambiar nunca, no lo sé, sólo sé que pensar en no tener pareja no me da miedo, ahora mismo siento que estuve tanto tiempo “atrapada” en una relación dañina que cualquier otro tipo de relación lo asocio con “control” y eso me agobia, acepto que veinte años en la vida de alguien pesan demasiado como para que no dejen una marca invisible para toda la vida, hay otra cosa que no he logrado superar, mi necesidad de dar explicaciones por cada cosa que hago y a la vez me rebelo contra esa necesidad. 

 

Hace ocho años de mi separación legal pero no tanto desde que empecé a romper cadenas invisibles, sé que posiblemente acabe sola porque siento que mi vivencia es algo que ha quedado tan dentro mía que rechazo cualquier oportunidad que me de la vida, creo que va siendo hora de que lo acepte y que aprenda a vivir mi soledad, pues eso también significa vivir mi libertad, sigo teniendo muchos secretos dentro mío, no puedo contarlos, son mi pasado más oscuro y provocan sensaciones que se despiertan en el momento que menos me lo espero, son flashes de mi vida que hacen que salte inconscientemente, que me impiden darme oportunidades y hacen daño a otras personas, he intentado ser siempre sincera con los hombres que se han acercado a mi vida, creo que ya es hora de empezar a serlo conmigo misma, no siempre es posible salir totalmente indemne de algunas situaciones, esa es mi herida invisible que no creo que sea capaz de cerrar, si tras tantos años no lo he llegado a hacer, que me hace creer que algún día pueda? no creo… 

 

Respecto a mis hijos, soy consciente que el mayor ha vivido experiencias que ningún niño debería vivir nunca, creo que aunque fuese pequeño eso marca de alguna manera el carácter, aunque con gente muy cercana es un niño abierto y divertido, en general es muy reservado, pero sé que no “recuerda” esas vivencias, la niña es práctica como nadie, los dos aceptan el “abandono” de una manera anti natural, aunque echan de menos lo asumen como adultos, cuando el padre vuelve a “aparecer” disfrutan de esos momentos como si fuesen regalos. 

 

Tantas idas y venidas de su padre, tantas parejas nuevas por parte de él, tanto ahora os quiero, ahora desaparezco me preocupa, no sé si marcará su forma de aceptar esa normalidad en cuestión de relaciones, si también les afectará a la hora de  tener pareja y serán capaces de no poner frenos a ello y tener una relación sana con alguien, si se permitirán ser felices con alguien o pondrán un muro que no dejen traspasar por si acaso…

 

Como madre creo que debo aprender a mantenerlos al margen de esa parte de mi vida, y que, pensando yo misma que después de darme una oportunidad y no verme capaz de algo serio, no debo involucrarlos en mis “historias” personales como mujer, no quiero que cojan cariño a alguien para que luego desaparezca de la suya, no pueden entender que si alguna relación deja de funcionar y tenga que haber un distanciamiento eso signifique que también se alejen de ellos pero, por otro lado, parece que aceptan que ellos son un añadido, no dos personas con sus propios sentimientos y como añadidos también desaparecen de cualquier ecuación, esa aceptación me preocupa enormemente pues dejan de valorarse como personitas que son para verse en ese sentido como únicamente parte de mí, así que esa es otra de las decisiones que he tomado, no cometeré el error de meter en su vida a alguien que luego no vaya a mantener un mínimo contacto porque lo nuestro como adultos no funcione, no sé si será un error o no pero no se me ocurre otra forma de ahorrarles más confusión por mi parte, bastante tienen con la otra parte que les ha tocado… Sé que hay un riesgo, por mucho que creas o quieras darle una oportunidad a una relación esta puede fallar y no quiero que eso les afecte, no tienen la culpa de las decisiones de los adultos… y reconozco que ese es otro freno añadido para mí, pero no me preocupa, tengo tantas cosas que me afectan como mujer que no creo que esta decisión vaya a cambiar en nada todos mis otros “miedos”, si no avanzo no será por mis hijos, será por mis fantasmas, ellos no me frenan, me freno yo…

 

Leo lo escrito y me doy cuenta que lo he hecho como si se tratase de la historia de otra persona, no he querido profundizar, no me he involucrado en lo escrito, pequeñas grandes pinceladas contadas con frialdad, porque en el fondo, aunque haya logrado romper con él y ya no tenga ningún poder sobre mí, escribirlo desde mi yo interior no me es posible, todavía hay cosas que me remueven, emociones que se despiertan y que la única manera de mantener controladas es esta, desde una perspectiva “externa”  que no deja entrar en las profundidades de mí, ya no es él, es lo vivido lo que pesa y de lo que no sé si seré capaz de desprenderme nunca, él me es indiferente, las marcas que dejó a su paso siguen de una u otra forma en mí, muchas he logrado superarlas y me siento orgullosa por ello, otras están tras puertas que no sé como cerrar para siempre, así que lo archivo en un rincón de mi celebro controlando que no se escape, un control que a veces falla, y cuando eso pasa me vuelvo a sentir frágil y vulnerable, sentimientos ante los que me rebelo pues sé que son un freno en mi camino.

 

 Odio sentir ansiedad, ese agobio que me entra cuando menos me lo espero, ese no creer en lo bueno que me digan en más de una ocasión, me enfado conmigo por haberle dejado entrar tan dentro que ya ni necesite su presencia para seguir haciéndome daño, para eso ya estoy yo solita repitiendo inconscientemente sus palabras cuando menos lo espero…  Por otro lado me doy cuenta hasta que punto valoro y necesito mi soledad, esa independencia que me hace sentir libre, no darle explicaciones a nadie, hacer lo que quiera y cuando quiera sin sentir miradas de “enfado”, no quiero preocuparme por agradar a nadie, sonará egoísta pero solo quiero hacer lo que me haga sentir en paz… aunque también duela, ser fiel a mí misma…

 

Sólo pido a la vida dos cosas, las necesito, paz emocional y lograr estar en paz conmigo misma…

2 thoughts on “Esto no es normal, yo no soy así…

  1. Uff que duro … Felicidades por haber tenido el valor de salir, seguro que fue aun mas dificil de lo que se lee en tu escrito. Respeto a lo de mantener a los niños apartados de las posibles parejas estoy de acuerdo contigo, no se si es bueno o no, pero creo que los pobres ya tienen suficiente con tener los padres separados como encima estar encariñandose de personas que unos meses mas tarde desaparecen… Esta es mi eterna discusion con mi ex.

    Muchos animos, cuidate y date tiempo, ocho años parecen muchos y mas mirando crecer a los hijos, pero para la recuperacion de una misma no son tantos. Besos

  2. Antes de nada, reconocer tu valentía de verter todo y con ello, ayudas a más que están en tu misma situación, como es mi caso. Me he visto reflejada en muchas de las situaciones que describes y que creía que sólo me pasaban a mí… Sigo sin entender el motivo, la razón de este patrón de conducta. Da exactamente lo mismo la condición social, educación o estudios del sujeto. Nacen así? o se hacen así?. Te deseo todo lo mejor y, para mí, ahora que empiezo la batalla de alejarme de él y la batalla conmigo misma, leer esto ha sido de gran ayuda…como la ayuda de una gran persona que me ha llevado a tu escrito. Gracias a ambas.

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