Familias reconstituidas: La otra parte

Familias reconstituidas: La otra parte

Esta historia comienza hace 17 años. 17 largos años… Dicho así casi llega a dar hasta un poco de vértigo. Es casi media vida. Fue entonces cuando por circunstancias de la vida y supongo que algún capricho del destino conocí a la que hoy es mi mujer. Entonces aún éramos bastante jóvenes, yo una cabeza loca y ella con mil expectativas y sueños de príncipes encantados en su cabeza. Supongo que de alguna manera surgió una chispa… Pero tras algunos devaneos nos dijimos adiós sin más, pues creímos que no teníamos nada más que hacer… Ahora sencillamente sé que aquel no era nuestro momento.

La vida continuó, la mía y la suya, como es normal y lógico. Y después de 8 años nos volvimos a encontrar, porque al parecer no llevábamos razón y, aunque durante ese lapso de tiempo habíamos hecho cosas grandes, todavía había muchas otras grandes cosas por hacer. Entre esas cosas grandes hechas por mi mujer, y por encima de las demás se encontraba un pequeñín de escasos meses, fruto de un matrimonio anterior roto. Quizá ese fue uno de los motivos por el que nuestra historia en un principio no pudo funcionar. Él, ese pequeño ser tenía que existir para que nuestra historia fuera completa.

Durante cerca de un año mantuvimos nuestra relación a distancia. Ella en el norte con el pequeño y yo en Madrid. Fue muy duro para todos. Ella y aquel pequeño que poco a poco fue robándome el corazón. Yo le vi crecer. Yo le vi dar sus primeros culetazos, conmigo vivió muchas de esas primeras veces que se viven con los padres. Poco a poco empecé a sentir que ese pequeño ser aunque no fuera de manera biológica, formaba ya parte de mí y de mi vida. Poco a poco empecé a sentir eso que suponía que debía sentir un padre. Aquel pequeño ya era mi hijo. Así lo sentía yo. La distancia no facilitaba las cosas, pero nuestra relación cada vez era más sólida y fuerte. Sin darnos cuenta y sin ningún esfuerzo nos fuimos acostumbrando el uno al otro, y el otro al uno y hasta ahora, que habla de mí en el cole o sus amigos como su padre.

Recuerdo como por aquel entonces, mis amigos y algunas personas del entorno que sabían que mi pareja tenía un niño, me preguntaban si era consciente de la responsabilidad que aquello suponía. Quedarme con el niño sólo mientras ella faltaba, emprender una relación que no partía desde cero y en la que seguramente entrara en escena una tercera persona para alterar nuestra paz y felicidad… Quizá al principio no lo pensara, pero poco a poco fui asumiendo que aquello formaba parte de la historia de mi mujer. Y yo estaría ahí. Porque se había convertido también en parte de la mía.

La nota agridulce de nuestra historia, la cara B, es esa sombra que nos acompaña en este camino. La otra parte que muy a nuestro pesar está presente en nuestro día a día… Por imposiciones y cambios de agenda inesperados. Por el hecho de ver supeditada nuestra vida y nuestros planes a un calendario ajeno, una y otra vez. Por todas las veces que me ha roto el corazón ver a mi mujer mal, rota de dolor por las ausencias del niño, o por discusiones sin sentido y completamente absurdas provocadas con el único objetivo de hacer daño que la hacían entrar en crisis de ansiedad. Por todas las veces que he visto llorar a mi niño cada vez que su padre se iba hasta la próxima vez. Por ese sentimiento de vacío que he sentido en cada uno de esos momentos y con el que he tenido que aprender a vivir y a aceptar. Al saber que yo ejerzo desde lo más profundo de mi ser el papel de padre, pero las lágrimas de ausencia son para la otra parte. Esta sea quizá la parte más difícil de digerir, pero que forma parte del universo que he construido con ella.

También sufro y me duele el papel secundario al que en ocasiones es relegado su propio hijo, capaz de renunciar a estar con él parte del tiempo al que tiene derecho en vacaciones y por el que nosotros daríamos prácticamente todo. Por mero capricho o poco interés, con excusas que no tienen sentido o bien por conflictos de intereses con su familia, que no me preocuparían lo mas mínimo si no fuera porque afectan a mi niño en cierta o en gran medida. Esto es algo que tratamos de compensar y está claro que los niños son niños, pero no son tontos y se dan cuenta de todo. Y ahí estaré yo siempre para él. Su sostén, en segundo plano cuando me necesite. Ese padre que lo único que no ha hecho por su hijo es participar en la genética.

En muchas ocasiones me ha tocado ser sospechoso de acciones que ese tercero acometió en alguna ocasión. Yo no soy él, le explico muchas veces… Y observo el dolor de su lucha interna porque sabe que así es. No la culpo. Me duele la comparación, pero más me duele su sufrimiento. Y tengo la esperanza de que algún día esas heridas que porta terminen de cerrar por completo.

Los problemas y las situaciones que nos ha tocado vivir se superan y nos han afianzado como pareja haciendo más fuertes nuestros lazos, la confianza que tenemos el uno en el otro. Y no, jamás he dudado ni me he cuestionado mi relación con mi mujer. Dejaría mi casa y me iría con mis maletas y mis trastos a cuatrocientos kilómetros de mi familia una y otra vez por estar con ella. Porque para ella quizá yo fui una segunda oportunidad, pero para mí ellos fueron y son mi razón de ser.

Esta es mi historia, intensamente feliz y aunque con ligeras interferencias en alguna ocasión, que como las antiguas emisiones de televisión, no interrumpen para nada nuestra feliz función, y que sin duda continuará durante muchos, muchísimos años más con la esperanza de que con el tiempo las sombras vayan perdiendo fuerza.

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Verónica Saseta

Bimadre, pero eterna primeriza, trabajadora, estudiante de educación infantil. Asesora de lactancia. Una vez fui madre separada.

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5 thoughts on “Familias reconstituidas: La otra parte

  1. A veces cuesta compartir el amor, no veas como pérdida el que quiera compartir con su padre biológico. Los niños/as tienen una capacidad inmensa de amar y como dices tú, se dan cuenta de todo. El amor que sienten también es compasivo y el esfuerzo que hacen por mantener una relación, aunque sea lejana con su padre, también es una demostración de nobleza y de aprendizaje para todos. Será su primera experiencia de desamor en ocasiones, pero que sin duda se transformará en una enorme aprendizaje siendo uds la contención y el amor.
    Además, uno siempre cree que lo que uno entrega es lo mejor, las relaciones son complejas y de seguro …ellos deben amarse, con códigos distintos, pero deben hacerlo…
    He pasado por esta experiencia y ha sido duro, pero jamás debe primar nuestro deseo por sobre los de un niño/a…y eso jamás uno lo debe olvidar.
    Felicitaciones por la gran tarea que asumes, con amor incondicional, te admiro profundamente…

  2. Desde las primeras líneas me he emocionado,ojala tdos encontremos esa segunda oportunidad y nos haga sentir q padre no s sólo el quién engendra … gracias por tu testimonio!

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