Guarda y custodia sin preferencias

Guarda y custodia sin preferencias

 

En el día de ayer salía la noticia de que el gobierno está trabajando en el anteproyecto de ley de custodia compartida, para que ésta se aplique en modo preferente. Así a priori, en frío y desde fuera, puede parecer una decisión de lo más lógica. Ambos progenitores son responsables del menor y ambos deben tener los mismos derechos y deberes como padres.

El problema como siempre, viene en que la realidad muchas veces supera la ficción. El problema está en que si se establece un tipo de custodia preferente, se está asumiendo que cualquiera de los progenitores se ha hecho cargo y ha sido responsable con el menor, se entiende que ha velado por su bienestar e intereses. Y esto sería lo más lógico del mundo, pero no es la realidad de las familias en el día a día. No se debe legislar en base a ideales, ya que de este modo sólo se va a destrozar aún más la vida de muchísimas personas.

Pero empecemos por el principio, los niños no son juguetes, son personas con todos sus derechos. Aunque sean menores de edad, o aunque acaben de nacer, sí, tienen derechos como cualquier adulto. Y también es cierto que sus padres deberían sobre todo, mirar por el bienestar de estos niños. Pero lo cierto es que muchas veces esta parte se queda atrás en medio del caos que provoca una separación o divorcio. Cuando se produce la ruptura, la tendencia general es iniciar una guerra donde cada uno pretende conseguir lo que desea, del modo que sea. Y en esa guerra en muchisimas ocasiones los derechos de los niños son pisoteados, por padres que no lo saben ver y por juzgados que terminan permitiéndolo.

Para entender un poco mejor todo esto, vamos a ver algunos ejemplos sencillos, pero bastante reales:

  • Pedro y María en su día, enamorados, decidieron contraer matrimonio y tener un hijo. Ahora años después la relación se ha deteriorado enormemente y han tomado la decisión de separarse. Su hijo ya tiene un año y medio. Desde su nacimiento hasta la separación, el niño ha estado a cargo en todo momento de María, que se ha ocupado de la crianza y educación del menor en este año de vida. María sigue amamantando a su hijo y tiene o tenía intención de seguir haciéndolo un largo tiempo más, como habían acordado desde antes de su nacimiento, ya que los dos entendían que la lactancia materna era lo mejor para el hijo. Ahora con la separación salta la posibilidad de una custodia compartida, porque evidentemente ambos padres quieren tener al niño por igual y ambos dicen tener el mismo derecho sobre el menor. Sin embargo, la vida que más va a cambiar no es la de ellos, que ante las incomodidades que ya les producía el matrimonio, se puede decir que van a obtener más tranquilidad. La vida que más cambiará es la del hijo. Un niño que hasta ahora vivía en un entorno estable, se verá a su corta edad sin un hogar fijo. Con suerte, su domicilio cambiaría cada quince días, y la lactancia, que venía siendo hasta ahora medio de alimentación del niño (aunque no fuese exclusivo) pasa a un segundo plano. De un día para otro el hijo se verá sin su figura de apego principal, sin su medio de alimentación y consuelo, sin hogar fijo, y muy probablemente en medio de las discusiones que se produzcan entre Pedro y María.

     

     

    ¿Dónde están los derechos del niño? ¿Y su bienestar? Es obvio que lo que se antepone, es el derecho de los progenitores por encima de los derechos y el bienestar del menor. Por desgracia aunque sea un supuesto, son casos más reales de lo que parecen. A menudo muchos niños se ven privados de golpe de lo que venía siendo su vida hasta ese momento, sin tener en cuenta apenas nada. Si miramos el bienestar real de este menor, lo ideal sería que pudiese seguir con su lactancia materna, ya que la evidencia científica ya ha demostrado en muchisimas ocasiones lo importante que es para ellos, no sólo a nivel de alimento. Lo ideal para este niño sería no tener que romper de golpe, durante varios días seguidos con su principal figura de apego ( y esto también es aplicable si el caso fuese al contrario y hubiese sido Pedro el responsable de su crianza hasta ese momento). ¿De verdad el bienestar de niños tan pequeños consiste en romper con todo y estar de un lugar a otro? ¿O hablamos del bienestar de los padres ya separados?

  • Juan y Luisa, como la pareja anterior, decidieron también en su día tener hijos. De esa relación nacieron dos menores, que actualmente cuando sus padres deciden separarse constan de 5 y 8 años. Para no repetirnos y que no se nos alteren, aunque no sea lo habitual esta vez diremos que los menores han estado a cargo de Juan más que de Luisa. Juan ha sido el progenitor que ha estado cada día al cuidado de los niños, el que los ha atendido estando enfermos, el que les ha preparado la comida, el que ha asistido a las reuniones escolares, y en fin, todo lo que conlleva tener a un menor a cargo. Los hijos evidentemente quieren a ambos progenitores, pero están acostumbrados a recurrir a Juan en su día a día por ser el que siempre ha estado presente para todo. Ahora con la separación y la opción de custodia compartida, la vida de los menores una vez más, se viene abajo. A pesar de que los niños quieran seguir con la figura de apego que hasta ahora habían tenido (Juan), como ambos padres tienen derecho a estar por igual con ellos, tienen que vivir una custodia compartida que les hará estar cambiando de casa a cada momento. Además ahora también cambiará su modo de vida, ya que encuentran que en cada casa existen unas normas distintas y unos permisos distintos, ante la imposibilidad de que Juan y Luisa lleguen a un acuerdo sobre la educación de los hijos. ¿De verdad el bienestar del menor está en convertirlos en niños nómada y tener que estar adaptándose cada quincena a diferentes normas?

Y evidentemente, son dos puestos de lo más suave que se pueden poner, sin entrar en mayores complicaciones. Si damos un ojo a la realidad de las familias, encontraremos custodias compartidas donde el progenitor ni siquiera se hace cargo del menor sino que le “aparca” con algún familiar que es el que termina haciéndose responsable. También podemos encontrar muchos chantajes y amenazas de un progenitor a otro, y que si no cede a sus pretensiones pide una custodia compartida. También encontramos casos de violencia donde los menores son usados para seguir haciendo daño a la otra parte mediante la custodia compartida.

Y sí, estos casos también se dan en custodias monoparentales, no es exclusivo de la custodia compartida. Está claro que quien vaya a usar a un niño para hacer daño, lo hará independientemente del tipo de custodia que se haya establecido. Por eso me sigo preguntando, ¿por qué tener un tipo de custodia preferente? ¿Por qué una medida estándar con la realidad familiar es tan variable? ¿Por qué perder el tiempo en estandarizar algo que va a causar mucho daño en muchas familias, y no dotar con los recursos que se siguen necesitando para que los casos se puedan valorar adecuadamente a modo individual?

Hablamos de la vida de niños y padres. Son personas con una historia detrás que merece ser escuchada y valorada a la hora de tomar una decisión a este nivel. Establecer un tipo de custodia preferente, es como establecer que a partir de mañana, todos tenemos que comer queso por ley, ¿y si eres alérgico a la lactosa? Sé que es un ejemplo absurdo pero es así. Lo que es bueno para unos pueden ser completamente dañino para otros, y la única opción es tener valoraciones completas, adquiriendo los recursos que hoy en día seguimos sin tener, como por ejemplo el juzgado de familia. Hay muchísimas cosas por mejorar en la justicia familiar como para dedicarnos a legislar de este modo, asumiendo que el queso tiene que ser bueno para todo el mundo.

Por todo esto y asuntos mucho más graves no mencionados en este artículo, seguimos pidiendo firmas para nuestra petición: 7 medidas a tener en cuenta a la hora de otorgar la guarda y custodia de menores. ¿Firmas?

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Zulema Acosta

Mamá de dos soles. Blogger, actualmente dedicada al Social Media, SEO. Madre separada.

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