La violencia se reduce con educación

La violencia se reduce con educación

 

La cifra de mujeres asesinadas por violencia de género en lo que llevamos de año ya supera la cifra de 40. Más de 40 mujeres en tan sólo once meses a las que les han robado la vida, algunas incluso con peticiones de ayuda y sentencias previas. ¿Qué está sucediendo?

Erradicar la violencia de género, en la actualidad y en nuestra sociedad, no es una tarea nada sencilla ni mucho menos rápida. Podemos pensar en aumentar las medidas, los castigos, podemos pensar en aumentar muchas cosas. Pero la realidad es que la base, la raíz para erradicar esta lacra está en manos de cada uno de nosotros. Está en manos de la crianza, convivencia y educación de las personas. Entre todos sí podemos trabajar este asunto y ayudar a minimizarlo. ¿De qué nos serviría por ejemplo aumentar los castigos ante este tipo de violencia si no educamos para que las generaciones futuras no caigan en ello?

Estos días El Mundo ha publicado un artículo alertando sobre la violencia entre adolescentes. Relaciones muy jóvenes que ya comienzan con actos de control y faltas de respeto. Nueve de cada diez reconocen haber ejercido la violencia sobre su pareja. ¿Por qué puede suceder esto en personas tan jóvenes, y que supuestamente ven y conocen las consecuencias de este tipo de actos?

La respuesta está en la educación. La educación y atención que se recibe desde niño tiene mucho que ver en todo esto. Y más que la educación en general, la educación emocional. Hoy en día vemos hablar mucho sobre apego y crianza respetuosa, es un gran paso para encaminar este gran problema, pero, ¿nos hemos “renovado” nosotros mismos para desintoxicarnos de educaciones autoritarias, que anulan las emociones de un menor, para poder brindar este tipo de educación y acompañamiento antes?

La forma en la que educamos a los niños tiene mucho que ver con los adultos que serán el día de mañana, y con los actos que llegarán o no a ejercer. Van a aprender por nuestra forma de actuar con ellos y si les educamos mediante manipulaciones, ellos el día de mañana intentarán manipular a su pareja, sea hombre o mujer. Si no les respetamos, muy probablemente tampoco respetarán. Y así una a una, irán absorbiendo cada enseñanza que nosotros mostremos con nuestros actos.

Respeto y EXIJO que me respeten

Todos merecemos ser respetados. Nadie tiene derecho a tratarnos mal, ni a manipularnos, ni a chantajearnos, ni a ejercer control sobre nosotros. Pero para entender esto, hasta cierto punto debemos enseñarlo desde pequeños. Enseñemos a los niños, no los sometamos. Demos educación emocional, no anulemos sus sentimientos y sensaciones. Criemos jóvenes seguros de sí mismos de tal forma que no sientan la necesidad de ejercer nada de lo anteriormente mencionado sobre otra persona. Ofrezcamos respeto y seguridad para que después ellos puedan sentirlo y ofrecerlo.

La adolescencia en si misma es una etapa que genera gran inseguridad y confusión en los adolescentes, además de ser una etapa en la que hacen más caso de su grupo de iguales que de los padres y madres. Fruto de esa inseguridad y de las primeras experiencias amorosas en las que creen que cada pareja va a ser la definitiva, pueden aparecer en ellos actitudes de control hacia su pareja.

Cabe destacar que entre estas actitudes de control está el obligar a la pareja a mostrar las conversaciones de Whatsapp y compartir las contraseñas de las redes sociales y el correo electrónico, con lo cual en cualquier momento pueden invadir la privacidad de su pareja. Este tipo de control no sólo implica que puedan controlar las 24 horas a sus parejas, sino que además llega a cohibir a la persona de mantener relaciones sociales con otras personas para así no molestar a su pareja cuando lee las conversaciones que ha mantenido y en casos extremos obligan a que sólo se usen las redes sociales para hablar entre la pareja.

Está claro que la mejor solución a cualquier problema es que el problema no suceda, es decir la prevención. Y en estos temas, como ya hemos comentado, la base fundamental es la educación desde el nacimiento para que lleguen a la adolescencia y a la madurez con seguridad y confianza y capacitados emocionalmente para no sentir la más mínima necesidad de someter a nadie a su control emocional ni tampoco a aceptar ser sometidos. Y esta tarea es algo en lo que se deben implicar todas las personas que tienen trato con los niños y niñas, ya sean familiares o educadores, intentando evitar mensajes negativos que han sido aceptados socialmente desde hace muchos años y que condicionan la manera de actuar de los niños y niñas una vez que alcanzan la adolescencia.

Si por cualquier motivo la prevención ha fallado o no se ha educado a los niños y niñas para erradicar la violencia en sus relaciones afectivas se hace necesaria la intervención para solucionar el problema a la mayor brevedad posible. Y para ello, sin ser la única medida a aplicar ni sólo depositar la responsabilidad de la solución en ellos, contamos con los grupos de amigos. Los seres humanos somos seres sociales y por lo general buscamos la aceptación del grupo en el que nos relacionamos (familia, amigos, compañeros de clase, etc.), y en el caso de los adolescentes en esta etapa se integran más con sus grupos de amigos, sintiendo mayor necesidad de ser aceptados por sus amigos que por sus padres o resto de familiares. Los grupos de iguales ejercen una presión social sobre los miembros en la que si el grupo no acepta una determinada conducta, los miembros del grupo tampoco la van a aceptar y por lo tanto no van a ejecutar dicha conducta. Esta presión social ha formado parte de grandes avances en temas fundamentales como la lucha contra el racismo, la aceptación de diferentes orientaciones sexuales, la igualdad, etc. y sin duda ha tenido un papel fundamental en la mejoría experimentada a lo largo de los años. Por ello, como una de las posibilidades para reducir la violencia en las relaciones afectivas de los y las adolescentes, interviniendo con los grupos de amigos que generalmente se forman en los institutos o en los barrios se puede lograr un mayor avance al ser estos mismos grupos los que rechacen que sus miembros se comporten de una manera violenta o controladora en las relaciones sentimentales que tengan sus miembros. También estos mismos grupos de amigos pueden hacer ver a la víctima que necesita poner fin al sometimiento psicológico o físico que está sufriendo y encaminarla a buscar una solución adecuada.

Por último insistir de nuevo en que los grupos de amigos no son ni deben ser la única solución ni deben ser la única herramienta disponible cuando se produce violencia en la pareja de adolescentes, pero si que son una buena posibilidad que está ahí para trabajar con ellos de cara a erradicar la violencia sin tener que llegar a métodos punitivos como sanciones penales o a tener que establecer medidas de protección para las víctimas.

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