Los grandes perdedores

Los grandes perdedores

Ayer, mientras filtraba por Twitter a ver qué encontrábamos sobre madres separadas, me topé con un tweet “curioso” que sinceramente me molestó lo suficiente como para responderle. El mensaje en sí ya no tiene ninguna importancia, porque al pararme a revisar el perfil de quien lo lanzó y ver que era un chico muy joven, entendí que más que un mensaje enviado a mala leche por causar daño, era un mensaje que escondía un gran dolor y toda una historia.

Y efectivamente así resultó. Quien nos escribía era hijo de padres separados con una larga historia llena de montañas. Así por encima, me comentaba que muchas personas no se daban cuenta ni tenían en cuenta, que los grandes perdedores de estas historias siempre son ellos, los niños, que en muchos casos ven y entienden cosas que terminan callando. También mencionaba el hecho de que un progenitor hablase mal del otro en presencia de los hijos, en este caso la madre, y cómo afectaba esto a las relaciones, cómo se iban llenando de odio y destruyendo sus propias vidas. Me pareció un tema de lo más interesante para invitarle a nuestra web a dejarnos su testimonio, ya que ciertamente toda separación es complicada, y en muchos casos esta parte que él nos cuenta también existe.

A esta altura de mi vida, que es poca porque apenas tengo 19 años, este tema no me cuesta hablarlo. Quizá porque hubo un proceso de duelo que debí pasar para entender, para comprender por qué cosas tan desagradables pueden pasarnos, si no somos culpables nosotros.

Tengo 19 años como dije. Mis padres se han separado hace dos años. Dos años que parecieron diez.

Pero esto quizá empezó mucho antes. Me pregunté siempre por qué las personas forzamos algo que no está destinado a suceder y destruimos a terceros con el fin de seguir con un círculo vicioso.

Empezó a desencadenarse cuando nos mudamos de ciudad y cambiamos rotundamente la vida económica que teníamos. Mi padre se graduó de la universidad y el país (Argentina) No pasaba por su mejor momento. Me crié viendo personas que estaban juntas, sin quererse. Mi padre empezó a engañar a mi madre cuando tenía 8 años. Jamás lo vi discutir aunque si vi situaciones de violencia. No entendía lo que sucedía hasta que de niño empecé a dudar de ellos y su “Amor”. Técnicamente en esos momentos no dolía como dolió después. Mi padre engañaba a mi madre y mi madre lo hacía también (cuesta ver a un hijo que su madre también lo hacía). Pero lo acepté.

Los problemas empezaron a surgir una vez que empecé a entrar a la adolescencia, mis padres trabajan jornada completa y yo iba al colegio y dormía el resto del día.

Varios factores me llevaron a una terrible depresión con apenas 13 ó 14 años. Mi círculo de amigos era pequeño y había pasado años, donde “fingíamos” ser una familia, y no lo éramos. Mi madre nunca tuvo amantes por largos periodos, pero mi padre sí durante años y todos en la ciudad lo sabían. Al ser una figura pública o trabajar para la ciudad todos conocían mi apellido, yo resguardaba el apellido por proteger a mi hermana menor pero era inevitable y me cargué mucho tiempo de un odio terrible que desencadenó en dudas, en problemas y ahí estaba tan confundido como un ciego en la ciudad.

 

Es increíble y doloroso cómo puede afectar a los adolescentes el período de separación, porque puede durar meses o años, dependiendo de lo tóxico que se vuelva la situación. Y el “no me separo por mis hijos” como decían antes los padres, ya no existe. A los hijos nos duelen las separaciones de los padres, pero era la solución para cortar el problema de raíz. Mi madre se encargó de hablar pestes de mi padre mucho tiempo. Y todos nos cargábamos de odio hacia él, aunque él tampoco hacía nada bien.

Fui obeso y mi vacío lo llenaba con comida, fui anoréxico a los pocos años, y bulímico depresivo. Llegué a pesar 65 kg siendo hombre. Sumado a eso la angustia de vivir en una oscuridad tremenda y no tener una identificación con nadie. A eso surge mis dudas sobre mi sexualidad y descubrí que era homosexual, fue un peso tremendo para padre y madre, pero muy dentro mío sabía por qué lo era. ¿Cuándo se separaron? Cuando yo lo decidí. Una noche mi padre se fue de casa lo hacía siempre, todas las madrugadas. Pero ese día él no volvió durante la mañana, donde íbamos al colegio. Volvía siempre una hora antes que nos levantáramos y dolía ver eso. O escucharlo discutir en vos baja a mis padres. Y levantarme todos los días con eso era enfermante. Ya no tenía fuerzas y cada vez pesaba menos. Mi madre se entiende o la entendí después que le pedí que me cuente porque hizo lo que hizo y fue venganza. Sigo…

Falté al colegio para echarlo de la  casa.  Fue una liberación, diez kilos menos en mi mochila

A los meses decidí con mi madre mudarnos de ciudad y empezó mi proceso de duelo.

La bulimia y la anorexia era una especie de “desplazante del dolor”, me lo dijo una psicóloga. Aunque nunca fui a terapia.

Mi padre todo lo solucionaba con viajes o cosas materiales. Hasta cuando me quise quitar la vida lo solucionó con un viaje a las sierras de Córdoba.

Meses de haberse separado mi padre fue a la casa de la mujer que fue 6 años su amante y arruinó mi adolescencia.

Nos mudamos a una ciudad 500 km de donde vivíamos antes. El primer año fue horrible. Extrañé todos los momentos en donde estábamos todos unidos. Mis hermanas y yo, mis amigas, amigos. Y empecé a alcoholizarme, a drogarme, juntarme con personas que no eran buenas. Mi rendimiento en el colegio bajó y solo iba cuando quería.

Mi madre luchaba en esa ausencia de vivir sin su marido que fue durante 30 años. Yo luchaba para que no me vieran débil. Pero cada día estaba peor.

Tuve que aislarme, me mudé, me fui a vivir solo un año sin terminar el colegio y ahí sufrí hasta cansarme e hice un viaje a todos mis años perdido en la toxicidad de una familia destinada al fracaso. Saque mis conclusiones y empecé de cero, empecé a conocerme a mí, aceptarme y volver a querer a personas que solo me defraudaron. Acepté mi nueva vida y hoy dejé todos los malos vicios y hasta hoy creo que hago muchas cosas buenas para mí y tengo una vida sana.

Costó sinceramente. Los hijos nos perdemos en toda esa nube oscura y no somos culpables de nada, costó más de lo que pensé decir: “Fui la víctima”. Me costó dejar todo atrás y empezar de cero.

Tuve que armar mi autoestima de nuevo porque me dejaron desnudo completamente y nunca hasta padecer una relación violenta, pude entender que solemos repetir el mismo patrón de nuestros padres, y debemos trabajar para modificarlo. Pero está en cada hijo mirar hacia adentro revivir el dolor, para curarlo, para descubrirnos y dejar de sentirse menos porque no nos dieron amor si no solo desilusiones.

Hoy tengo casi veinte y me llevo bien con mi madre y con mi padre. Empezaré la universidad pronto y siento que recién ahora empecé a vivir mi vida y me siento fuerte para poder relatar algo que en su momento no podía ni siquiera pronunciar una palabra sobre la separación de mis padres. Que por cierto son las personas que mas amo en esta tierra por ¡separado obvio jajaaj!

 

Queremos agradecerte enormemente tu testimonio, porque estamos seguras de que servirá para hacer pensar lo suficiente, y entender que aunque a veces creamos que ciertas cosas no afectan a los niños si que lo hace, y de una forma que a veces no somos ni capaces de calcular.

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Zulema Acosta

Mamá de dos soles. Blogger, actualmente dedicada al Social Media, SEO. Madre separada.

One thought on “Los grandes perdedores

  1. Es muy duro todo lo que relata, duele ver cómo los hijos en muchos casos, cuando no se llevan bien las separaciones o cuando se mantiene una relación que ya no tiene sentido mantener, podemos llegar a sufrir tanto sin que nuestros padres se den apenas cuenta, porque están viviendo su propia tragedia.

    Pero es un relato esperanzador y que muestra gran fortaleza por parte de quien ha sabido reencontrarse y empezar de cero. Espero que la vida le sonría mucho de aquí en adelante y que encuentre un camino propio que lo haga inmensamente feliz.

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