SEXO: El día que volviste a tener de eso

SEXO: El día que volviste a tener de eso

Hay un momento en el que esa faceta de tu vida queda regalada al cuarto, quinto o vaya usted a saber qué lugar. Papeleos, reorganizar sentimientos, recolocar tu vida,… Casi nada, vamos. La palabra líbido desaparece de tu vocabulario y aunque a veces te acuerdas de ella y dices, “Yo una vez tuve de eso”… Sigue sin hacer acto de presencia la muy jodida. 

 

Pero llega el día en el que las aguas vuelven a su cauce y ese lado animal y más primitivo vuelve a llamar a tu puerta. Igual que la vuelta al cole o la vuelta al trabajo, llega la vuelta al sexo. Y cuando lo hace, lo hace con impaciencia. ¡Oye! ¡Calma! Comienzas a explorar mundos en los que nunca te habías planteado mirar. Oteas tu cuerpo en soledad hasta llegar a estremecerte y ya. Media vuelta y a dormir, que mañana suena el despertador y hay que trabajar… ¡Pues vaya sosez, coñen! Yo había imaginado ese momento con más chispa. Y chispa hubo, pero muy sosa, oye. 

Igual que la vuelta al cole o la vuelta al trabajo, llega la vuelta al sexo.

 

Habrá que echar mano de un amigo de esos que te acompañan a todas partes… Pero de los que no hablan. Que de momento no estoy preparada para soportar ronquidos y conversaciones banales que no me interesan. Primero miras en internet… “Envío discreto”, jo, qué detalle… Por un momento imaginé al repartidor de correos haciendo una fiesta con platillos y un gorro de fiesta mientras te entrega el paquete del pedido, haciéndote la ola y guiñándote un ojo… “¡Esta será tu noche, muñeca”. Miras la pantalla desde diferentes perspectivas, increíble la variedad de… “cosillas” que hay. Miras a tu alrededor aun a sabiendas de que estás sola y pulsas el botón de… PAGAR. Un no sé qué, que qué sé yo te recorre el cuerpo y de repente te sientes como una adolescente… ¡Osea, tía, me he comprado un pene de látex!  

 

Y como experiencia no está nada mal, le llegas incluso a coger el gustillo. Es pequeñito, no te echa de la cama, no tiene pies que aromaticen la estancia,… Y se centra única y exclusivamente en ti. El momento cigarrito post coitun es algo “raro”. Te encuentras con el cigarro en una mano y el pene en la otra. Pero oye, estas cosas es mejor no analizarlas. 

 

Pero llega un día que quieres algo más y conoces a alguien… Tus amigas te dicen, “No seas tonta, no enamores, sólo es sexo”. ¡Y una mierda! Os encontráis y te enamoras hasta las trancas. Una copita, dos, tres, cuatro, zinco, xeis, tiete,… Y todo acaba como el Rosario de la Aurora. Eso sí, borracha como una cuba pero con tu conjunto de braguita y sujetador perfectamente conjuntado y un rasurado perfecto (tus piernas están encantadas de poder verse la una a la otra sin interferencias). Al día siguiente  solo piensas en buscar tu ropa y el ibuprofeno que llevas en algún recóndito y maldito lugar en el bolso. Cuando llegas a casa ni siquiera recuerdas si le diste el número de teléfono a aquel chico… Parece que sí, porque te vuelve a llamar. 

 

Y entonces, renovada, decides que vas a darte una nueva oportunidad. Una oportunidad de reescribir la historia de tu vida. Con pene de látex, con amigo, y con sexo, mucho sexo. 

 

¿Cómo recuerdas ese momento? ¡Compártelo! 

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Verónica Saseta

Bimadre, pero eterna primeriza, trabajadora, estudiante de educación infantil. Asesora de lactancia. Una vez fui madre separada.

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