Cómo viví el proceso de duelo tras la separación

Cómo viví el proceso de duelo tras la separación

Es posible que la última vez que estuvimos juntos fuera la vez que concebimos a nuestro hijo. Luego todo eran excusas. Durante mucho tiempo las creí, aunque me hicieran sentir una mierda que no valía nada. Embarazada, con un montón de kilos de más, normal que no le apeteciera estar conmigo… Pero di a luz y todo seguía igual.

Cuando a mi hijo le faltaban 3 días para cumplir dos meses le pedí explicaciones. Aquello no era normal. Parecíamos dos compañeros de piso. En lugar de compartir juntos la felicidad por la llegada de nuestro hijo, la frialdad era la gran protagonista.

No le costó nada decirme que ya no me quería… YA NO ME QUERÍA… YA… NO… ME QUERÍA…

Quizá en mi interior ya lo intuía, o tenía la certeza realmente. Quizá por ese motivo le puse entre la espada y la pared para que de una vez confesara. Pero escucharlo, confirmarlo, fue como un mazazo que no supe cómo digerir. No voy a entrar en detalles, aunque los hubo. Solo puedo decir que en un segundo mi mundo, mis proyectos, NUESTROS PROYECTOS, mi familia, se fue literalmente a la mierda. Recién parida como quien dice y en pleno puerperio. Adaptando mi vida aún a la llegada del bebé, y de golpe y porrazo, me tocaba adaptarme y afrontar un proceso de divorcio. Me creí morir.

Sus buenas palabras, todas sus buenas intenciones me hacían repetirme una y otra vez que todo eso no podía estar pasando: A mí no podía estar pasándome. Aquello era una crisis, un mal sueño. Y tan pronto era consciente de que aquello era ya una realidad, como que me asaltaban esos pensamientos de que todo aquello debía ser pasajero… NEGACIÓN.

Quizá si hubiera… Quizá si no hubiese… Mi cabeza trabajaba a pleno rendimiento. Tal vez si hubiera… A lo mejor si no hubiese… Mirar atrás, buscar motivos y culpas… Mis culpas. Pensar que podría haber sido de otro modo. Todos aquellos si hubiera hecho o dejado de hacer taladrándome la cabeza de día y de noche. Miraba a mi bebé, lloraba y pensaba que quién iba a quererme con un bebé, como si necesitara a alguien para sobrevivir… NEGOCIACIÓN CON LA REALIDAD.

Poco a poco empecé a lo que yo creí que era empoderarme. Me arreglaba cuando sabía que iba a venir a ver al niño. No mostraba ni el más mínimo signo de haber llorado o de sentirme triste. Busqué abogada. Buceé en internet y estudié cientos de convenios tipo, escogiendo todas aquellas cláusulas que me parecían importantes. Me volví implacable y fría en las negociaciones con él. Sentía rabia, ira, impotencia. Me había jodido la vida. Me había engañado. Me había traicionado. “Te vas a joder porque no te voy a pasar ni una“… IRA.

Pero todo aquello no era más que una fachada cubierta de maquillaje subida en unos interminables zapatos de tacón. En la soledad de mi casa lloraba intentando entender, intentando asumir que no había vuelta atrás. Que ésa era la realidad que me había tocado vivir. Sentía pena por mi hijo. Pensé en lo mal que lo iba a pasar él. En las futuras separaciones. Era una tristeza y un dolor emocional muy profundo que casi se convertía en físico.

Me refugié en mis padres, en antiguas amistades que con el tiempo había ido perdiendo. Me sorprendió la facilidad con la que volvieron a acogerme. Fue reconfortante sentir todo ese calor y esa fuerza que me transmitía la gente. Una buena amiga del trabajo me abrió las puertas de su grupo de amigos y empecé a salir con ella algún fin de semana. Ya ni recordaba la última vez que había salido. Me sentí abrigada por mucha gente en aquellos momentos y poco a poco esa soledad irreal que sentía se fue amainando… DEPRESIÓN O DOLOR EMOCIONAL.

Poco a poco, me fui dando cuenta de que aquel precipicio que yo avistaba cercano, no era más que la línea del horizonte. El mundo no acababa allí. La vida seguía y lo cierto es que yo empezaba a encontrarme mucho mejor. Sonreía. Me había adaptado bien a mi nueva vida a solas con mi niño. Poco a poco fui recuperando la ilusión y las ganas de hacer cosas nuevas y dejó de dolerme el hecho de verle, escucharle o discutir con él. Sentía que había recuperado el control. Él ya no formaba, al menos directamente, parte de mi vida y le fui otorgando el lugar que le correspondía en ella. Era el padre de mi hijo. Eso no lo podía cambiar. Pero nada más.

Perdonar y dejar atrás todas esas vivenvias me costó algo más. Que todo aquel odio se fuera convirtiendo en indiferencia fue un camino largo que tuve que ir transitando lentamente. Pero al final, con tiempo y mucho trabajo personal me fui dando cuenta de que el tiempo va recolocando todo en su lugar. Y cuando comprendí eso, fue cuando realmente me sentí libre y capaz de seguir mi vida sin ningún lastre que arrastrar… PERDÓN O APRENDIZAJE.

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Verónica Saseta

Trimadre, pero eterna primeriza. Asesora de lactancia. Hiperactiva. Una vez fui madre separada.

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3 thoughts on “Cómo viví el proceso de duelo tras la separación

  1. Me ha encantado, tienes muchas similitudes con mi esperiencia, mas en las fases emocionales que en los tiempos. Enhorabuena por contarlo de forma bonita y sencilla, no debe ser nada facil. Gracias por compartirlo.
    Muestras en cada etapa tu inteligencia.

  2. Hola,acabo de.divorciarme.Tengo un bebé de 4meses(tenía2) y otra niña de.2 años.¿Cómo se supera tanto dolor?¿Cómo me acostumbro a pasar tiempo sin mis pequeños? Lo veo imposible.Después.de sufrir maltrato psíquico.de.forma.continuada el padre de mis hijos les habla mal de mí y no puedo evitarlo.Me.siento.desolada.

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