Relaciones de desgaste

Relaciones de desgaste

Las relaciones amorosas, generalmente, pasan por diferentes fases que se pueden diferenciar sin mayor problema. No tienen por qué ser consecutivas, ya que cada uno tiene su forma de sentir, vivir y entender las cosas. De hecho, ni siquiera se tiene por qué vivir cada una de las fases.

 

Hoy quiero centrarme en el título de este artículo, las relaciones de desgaste como suelo llamarlas. ¿Sabes por dónde voy? Si con el título no lo tienes claro, seguro que lo que vas a leer te sonará, tanto por haberlo vivido o por haberlo visto de alguna forma cercana. Es mucho más habitual de lo que podemos llegar a pensar y va mucho con las formas de ser de las personas.

A veces, conocemos a una persona que nos llama la atención y nos quedamos “prendadas”. Vamos conociendo y de inicio, todo lo que vamos descubriendo de ese ser que ha llegado a nuestra vida nos encanta, todo parece realmente maravilloso. Incluso sus defectos (que todos los tenemos) son realmente nimios como para llegar a tenerlos en cuenta. En esta fase “ciega” donde todo nos huele a rosas, nos enganchamos a esa persona, se va produciendo ese enamoramiento, todo tiempo a su lado se hace muy corto. Aprovechamos cada segundo para disfrutar juntos, hacer cosas, compartir…

 

Incluso en algún momento podemos llegar a ver algo que realmente no nos gusta, y nos enciende una pequeña señal de alarma que decidimos ignorar. La parte positiva parece ser mayor y gana por goleada… pero lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones, ignorar esta pequeña alarma que tenemos es un gran error, pues en ese momento nos puede estar mostrando algo que más adelante, cuando haya pasado más tiempo, se trate de disimular mucho menos y salga a relucir mucho más de lo que nos gustaría. Nuestra alarma interna pocas veces falla, nos grita algo incompatible con nuestra forma de ser, pensar, sentir y actuar.

 

Pero a veces esas famosas mariposas que se instalan temporalmente en nuestro estómago nos impide seguir esa señal, y nos abocan a la catástrofe un tiempo después. En muchas ocasiones, con el paso de los meses… las mariposas terminan convirtiéndose en murciélagos.

 

Los ves uno a uno, ahí colgados mientras miras hacia el techo pensando en cómo te has metido en esto, y paralizada por el miedo a reaccionar. ¿Y cómo salgo de ésta? ¿Qué haré después? ¿Cómo será mi vida si me marcho? ¿Podré sola? ¿Y SI ÉL REALMENTE CAMBIA?

 

Miles de preguntas te vienen a la cabeza porque ciertamente tu vida, ya no es la que era.

 

Ya no hay tiempo para el nosotros. Ya no hay atenciones. Ya no hay cariño. Ya no se quiere compartir…

 

Y ahí te quedas, mirando uno a uno a cada murciélago, preguntándote cómo llegó hasta ahí y por qué tuvo que venir. Te paras a analizar cada uno de tus actos, e incluso llegas a asumir que igual, en el fondo, sí ha sido por tu culpa ese cambio. Has estado más liada de lo habitual, has tenido más responsabilidades ese mes, tu apetencia sexual quizá no haya sido como antes… Y te convences que de cierto modo, sí puedes ser responsable de ese cambio, de esa falta de atención que se está viviendo, de ese desprecio…

 

Y entonces llega un nuevo día, el sol vuelve a brillar, te bajas de la cama, te enfundas las zapatillas… y decides dar aún más de ti. Si haces eso seguramente las cosas cambien. Si cedes, si das más… seguro que él también lo hará, en el fondo aún te dice que te quiere.

 

Y decides dejarte la piel para que la relación funcione como al principio. Sigues recibiendo ausencia emocional pero decides seguir adelante, decides mostrar que realmente estás dispuesta a que las cosas retomen el ciclo inicial, que lo vea y él también decida hacer lo mismo. Que el “te quiero” dejen de ser dos simples palabras para volver a convertirse en actos que así lo demuestran.

 

Que el “te quiero” dejen de ser dos simples palabras para

volver a convertirse en actos que así lo demuestran…

 

Y es que tenemos claro que las palabras no nos sirven, necesitamos ver, comprobar y sentir. Entendemos que cuando realmente se ama a una persona es imposible abandonarla emocionalmente. Cuando se ama a una persona no se le hace daño intencionadamente. Sin embargo, cuando estamos en el punto de intentar que todo vuelva a funcionar volvemos a ignorar esa parte. La sabemos perfectamente, pero queremos convencernos de lo contrario. Tanto tiempo y tantos buenos momentos no pueden terminar de esa forma. Una persona no puede cambiar tanto… ¿o realmente nunca existió tal cambio? Y esa alarma inicial que en su día ignoramos nos retumba en la cabeza una, y otra, y otra vez. Y en el fondo sabes que nunca hubo cambios, sólo que decidiste ignorar las señales y quedarte con las cosas que sí gustaban, pensando que “la parte fea” nunca se haría tan visible como para llegar a dañar.

 

Pero lo ha hecho. Lo ha hecho cuando más le necesitabas. La mano que en muchas ocasiones te sujetó y te acompañó es ahora un puño cerrado al que no puedes sujetarte. La bonita relación que un día nacía, hoy necesita ser enterrada. Sin querer acudir a ese entierro terminas anunciándolo. Entiendes que si la reanimación no ha dado frutos es absurdo quedarte mirando ante algo ya inerte. Y es aquí donde llegan las palabras, muchas veces los reproches… y en muchísimas ocasiones, el acuerdo que permite volver a la vida. O al menos eso creemos en ese momento. Y decidimos continuar esa reanimación, decidimos volver a darlo todo aún sabiendo que es muy probable que esa relación no vuelva a revivir, pero tampoco puedes enterrarla. Aún no… es muy pronto para un entierro cuando aún recuerdas el olor a vida. No puedes enterrarla cuando hacerlo te duele tanto.

 

Y así es como volvemos al punto de inicio: reanimación, observación, decepción.

 

Reanimación, observación, decepción.

Reanimación, observación, decepción.

Reanimación, observación, decepción.

Observación, decepción.

Observación, decepción.

Decepción, decepción, decepción.

Decepción.

 

Y es justo ahí, cuando la palabra decepción es el pan de cada día, cuando comenzamos a sentir ese desgaste personal, esa hartura que hace que las cosas empiecen a doler menos. Es cuando comenzamos a comprar las flores para ese entierro que antes negábamos. Es cuando comienzas a pensar en qué vestido te pondrás para acudir a darle el adiós que necesita.

 

Y ese día llega. De repende un día ya no nos duele tanto. La parte negativa y el dolor es tan grande que por fin, podemos enterrar. Entendemos que las páginas de nuestro libro no deben estar llenas de murciélagos que nos atormenten…. decidimos pasarlas.

 

Pasamos página y antes de lo que creemos, comenzamos a buscar nuestras propias mariposas.

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Zulema Acosta

Mamá de dos soles. Blogger, actualmente dedicada al Social Media, SEO. Madre separada.

13 thoughts on “Relaciones de desgaste

  1. Qué maravilla de artículo!!!, me he sentido totalmente reflejada.
    En mi caso soy una persona “positiva de fábrica”, que ignoró todas esas “alarmas” que todos vemos y que seguía intentándolo una y otra vez, nunca mi esfuerzo era suficiente hasta que……

    Una discusión tonta unida a una crisis existencial, me quitó la venda de lo ojos, de golpe. Tarde 10 meses en asimilar que era cierto lo que veía.

    Ha sido muy duro, pero me siento feliz por haber decidido romper esa relación.

    Besos

    1. Hola Anabel, te entiendo perfectamente. A mí en su momento me pasó algo similar, lo tenía todo delante de mis narices y era incapaz de verlo, y aún después de verlo y separarme me costó asimilar que era real lo sucedido. Un abrazo!

  2. Yo estoy en la fase de intentar revivir la relacion, kiero creer q funcionara, q aunq no volvamos al principio, pasaremos esta fase de crisis y llegara una nueva etapa de maduracion, y disfrute de la relacion, pero… siempre keda esa duda de… funcionara!!?? Espero y deseo q si, deseadme suerte chicas, aunq tengo claro q el hombre de mi vida se llama diego y tiene 30 meses

  3. Me encantó el artículo.
    En mi caso, yo seguí alimentando la relación, cada día me levantaba con el: – hoy será diferente! pero cada día se tornaba igual y cada día la decepción, la desilusión y la tristeza llamaban a mi puerta con más fuerza!
    Con mi hija de 13 meses y una conversación previa con mi exmarido, salí por la puerta de lo que era mi casa para no volver!
    Animo a todas las que pasais por algo similar!

  4. Me encanta el artículo de y yo también me siento identificada. Me separé a finales de noviembre después de dos años de relación en la que tuve un hijo, mi mayor alegría. Lo de las señales fue y es mi mayor quebradero de cabeza y lo que más culpable me hace sentir, porque ahora reconozco que las vi desde el minuto cero, y encambio ahí me quede, como dice el psicólogo creyendome especial y que podría cambiarlo….en fin no me consuela pero ayuda a seguir. Gracias al blog!!! Desde hoy os sigo

  5. Totalmente identificada. Me separé hace 7 meses y, aunque fui yo quien tomó la decisión, no puedo superarlo del todo, a veces a un me siento culpable, responsable de lo bueno y de lo malo de la relación. Di todo lo que tenía y siendo una persona totalmente optimista, llegué a un momento en que pensé que moriría de soledad y de pena, incluso deseé estar muerta. Ahora me odia, apenas me saluda. Estoy tranquila, al menos, porque mi hija regresa contenta luego de visitarlo. Quedé tan dañada que no tengo espíritu para imaginarme en una nueva relación, siento que todos son iguales. Sólo espero que Dios tenga misericordia y me conceda la paz que necesito.

  6. Como me veo reflejada en muchas de las cosas que dices, yo estoy separándome en estos momentos, lo estoy escribiendo y aún me cuesta asimilarlo, aún no ha hecho ni una semana, después de 20 años y dos hijos, decidí dar el paso para intentar ser feliz, y fui capaz de decirle lo que el me recriminaba constantemente y no me atrevía a reconocer, que ya no lo queria como pareja, pero a pesar de ser yo, estoy rota no dejo de llorar todos los dias, y me siento muy mal por romper mi familia y que mis hijos tengan que pasar por esto, pero precisamente por ellos y por mi he dado el paso, dicen que el tiempo todo lo cura, pero ahora mismo yo eso no lo puedo ver, ahora solo siento tristeza y ahogo… supongo que el tiempo será mi aliado, pero ahora es tan dificil….

  7. Dios mío!!!! Acabo de separarme y estoy pasando muy mal. Tengo 2 hijos de 5 y 9 años. Y llevo casada a 14 años ha sido el gran amor de mi vida. Me siento que el mundo vino abajo. No tengo ánimos par nada. Lloro todo el día y pienso en el. Lo peor de todo que el culpa a mi de relación no funcionará. El no tiene culpa de nada y a veces me hace creer que fue así. Pero se que no soy la culpable porque una relación es de 2. Estoy desesperada quiero que vuelva con nosotros pero a la vez pienso que por más que yo haga ezcuerzo el seguirás haciendo l omismo.

  8. Hola hablo desde Colombia, donde los hombres todavía creen que si eres separada y con hijos sos una puta, a mi me ha pasado esto tres veces, si tres veces y con el mismo que es lo peor, ahora mismo me estoy separando me quedé sin trabajo por petición de el y por querer “una mejor familia” y ahora sola, decepcionada de mi vida pues tengo 35 años de los cuales dedique 13 a está relación, tengo miedo de volver a empezar.

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