Separación o divorcio y lactancia materna

Separación o divorcio y lactancia materna

En muchas ocasiones la pareja se rompe produciéndose una separación o divorcio mientras los hijos y las hijas en común tienen aún edades muy cortas y se encuentran en periodo de lactancia materna. Si además, la separación o divorcio se da en los primeros seis meses de vida del pequeño o pequeña, nos encontrará en un período de lactancia materna exclusiva, es decir, un momento en la vida del bebé en el que su alimentación consistirá únicamente en la ingesta de leche y por tanto la alimentación del bebé dependerá exclusivamente de la madre.

En caso de separación conflictiva, o donde no sean posibles los acuerdos entre ambos progenitores, la lactancia del menor puede verse realmente perjudicada si las partes no atienden, o más bien, entienden, las necesidades del bebé en cuanto a alimentación, afecto, protección a nivel inmunológico, contacto, etcétera, que le ofrecerá el acto del amamantamiento y la leche de la madre.

 

Ante todo cabe decir que el acto de amamantar a los hijos e hijas no sólo es alimento. El momento en que el pequeño o pequeña se agarra al pecho de su madre es sin duda mágico. Un momento de vínculo completo. La madre, mediante el acto del amamantamiento ofrece al pequeño alimento, pero también seguridad, afecto, contacto físico y emocional.

 

lactancia materna
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Una vez se inicia la ruptura de la pareja, como es normal, se acude a un abogado bien para tramitar la separación o divorcio, o para realizar el trámite del convenio y regularizar la situación del menor de forma legal. Y en este punto es donde generalmente surgen grandes discrepancias que de no gestionarse bien, afectarán notablemente a los hijos o hijas. En edades tempranas lo habitual (que no norma general) es que el o la menor quede bajo custodia materna y se aplique un régimen de visitas a favor del padre, que podrá ser de un modo u otro, atendiendo a la edad del menor. Cuando el bebé es aún muy pequeño, generalmente, se suele establecer un régimen de visitas sin pernocta. Aunque todo esto dependerá de cada familia y sus particularidades, de los acuerdos que se tomen y en un momento dado, de la decisión que pueda llegar a tomar el juez o la jueza si no se hubiera llegado a un acuerdo entre los progenitores.

El padre, como es normal, quiere ejercer ese derecho a estar con su hijo o hija, y se encuentra el impedimento de que el o la menor necesitará a la mamá para alimentarse, por lo tanto llevarse al menor un tiempo determinado puede convertirse en un problema. En este punto es donde debe entrar el juego el sentido común de las personas, y donde el interés general del menor ha de quedar por encima de nuestros deseos. Si el pequeño está recibiendo lactancia materna exclusiva, que es lo natural y el mejor alimento que se le puede ofrecer a un niño o niña en este período, ambos progenitores deben cuidar esta parte y asegurar que el niño o la niña en todo momento pueda cubrir su necesidad, y no verse perjudicada de ningún modo. Alejar al hijo o a la hija de la madre en esta etapa no es una opción válida, aunque por desgracia algunos juzgados terminen estimando lo contrario, haciendo caso omiso a lo que la AEPD y la propia OMS recomiendan al respecto:

La lactancia materna exclusiva durante 6 meses es la forma de alimentación óptima para los lactantes. Posteriormente deben empezar a recibir alimentos complementarios, pero sin abandonar la lactancia materna hasta los 2 años o más.. Fuente: OMS

Es necesario que se entienda que una lactancia materna es a demanda, y cuando decimos a demanda queremos decir que no sabemos, ni se puede prever cuándo el niño o la niña querrá o necesitará mamar, ni cuánto, ni dónde, por lo que la presencia de la madre se hace imprescindible y el acto de separarlos, aunque sea durante un corto período de tiempo, puede dejar al descubierto necesidades básicas del niño o de la niña.

A menudo nos encontramos con afirmaciones del tipo “sigue con la lactancia sólo por fastidiarme a mí. Es su modo de impedir que me lo lleve”, pero de verdad pensemos en frío, ¿realmente se puede mantener una lactancia materna por fastidiar a un tercero? ¿O quizá sea más fácil pensar que es un acto que se hace porque realmente es lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos e hijas? ¿De verdad preferimos que reciban leche de fórmula a la leche de su propia madre con tal de alejarlos un par de horas? Esto no pretende ser un juicio, sino más bien una llamada a la reflexión.

 

padre
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Cuando nos separamos a edades tempranas de los menores, debemos asumir que tendremos que hacer esfuerzos por el bien de nuestros hijos e hijas, y uno de ellos es llegar a un entendimiento inicial, por complejo que nos pueda resultar, para que nuestro pequeño o pequeña disfrute de sus dos progenitores sin que por ello sus necesidades y costumbres se vean afectadas. Los niños y niñas no lo serán toda la vida, y de hecho el tiempo pasa demasiado deprisa. Cada cosa puede establecerse en el tiempo justo para que sea de verdad beneficioso para los todos y todas.

Cuando la lactancia se alarga en el tiempo y no se interrumpe por ninguna de las partes, puede ocurrir que irremediablemente el día de la primera visita con pernocta con el progenitor no custodio se materialice y se haga realidad. Este hecho suele ocasionar mucho estrés en la madre y un sinfín de interrogantes y miedos: ¿Se verá afectada nuestra lactancia? ¿Y nuestro vínculo? ¿Se me cortará la leche? ¿Cómo hará para dormirse si hasta ahora sólo consigue hacerlo con el pecho? ¿Podrá dormir si no es conmigo?

Lo cierto es que llegado el momento, poco podemos hacer salvo aceptar la situación y entender que, a pesar de todo, se trata de un derecho que nuestros hijos e hijas tienen. Eso no quiere decir en absoluto que debamos renunciar a continuar con la lactancia, si para la diada sigue siendo un acto placentero. Cuando la lactancia está establecida (aunque esto también dependerá de otros factores, como el número de tomas que se hagan al día por ejemplo) y si la separación no es muy prolongada, más allá de un fin de semana, es muy posible que la producción no se vea afectada. Sí es importante que la madre se vigile los pechos y observe cualquier posible signo de congestión y si la hubiera, proceda a la extracción de la leche para que esto no derive en una obstrucción de las mamas. Algunas madres, como parte del duelo y para sobrellevar la separación hacen extracciones regulares de leche. Cada mujer encontrará su modo y la mejor forma de adaptarse física y emocionalmente a esta situación. En cualquier caso, es conveniente que en caso de duda o cualquier otro tipo de molestia, se contacte con la asesora de lactancia materna de referencia.

Algunas madres optan por facilitar u ofrecer al progenitor no custodio su propia leche extraída previamente almacenada para que sea éste quien se la de bien sea en biberón, en vasito o a través de otro sistema. Pero no todos están por la labor de hacerlo.

 

Respecto a las otras cuestiones planteadas, tendremos que asumir y confiar en que el padre hará frente de la mejor manera posible a estas situaciones. Que al fin y al cabo este es un proceso de aprendizaje para todas las partes y todas las partes necesitarán de un período de adaptación a esta nueva situación. El diálogo se hace imprescindible en estos momentos y el intercambio de información sobre el pequeño o la pequeña será fundamental para hacer la adaptación más fácil a todas las partes, pero sobre todo al menor.

Dejemos el egoísmo y nuestros deseos a un lado, y miremos de verdad por qué es lo mejor para el pequeño o la pequeña y actuemos acorde a ello, sin importar si a nosotros nos gusta más o menos.

La lactancia materna es el mejor regalo que se puede hacer a un hijo o hija. Si ya se le ha hecho, permitamos que lo disfrute el tiempo que considere necesario.

 

 

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